Metástasis y curación espontánea del Cáncer

METÁSTASIS Y CURACIÓN ESPONTÁNEA DEL CÁNCER

 

ÍNDICE

Resumen. Palabras clave
Metástasis:
Metástasis cardiaca                                                                                       Metástasis diafragmática
Diafragma. Su inervación
Fuerza magnética sobre corrientes eléctricas
Difusión de calor
Electricidad
Ondas electromagnéticas
Potenciales de acción cardiaca: Origen y propagación de la excitación intracardiaca
Efectos autónomos sobre la velocidad de conducción en el nodo auriculoventricular (AV)
Tratamiento. Sugerencias
Imanes
“Teoría de Par Biomagnético”
Tratamiento
Conclusión
Figuras
Bibliografía

RESUMEN. PALABRAS CLAVE

Después de mucho reflexionar, nos hemos forjado unas ideas que nos han conducido a plantearnos y a aportar diversas hipótesis, teoría y pruebas que en este estudio de investigación ofrecemos.
El tema que aquí planteamos, METÁSTASIS Y CURACIÓN ESPONTÁNEA DEL CÁNCER, lo enfocamos basándonos en mucho estudio y múltiples conceptos previamente demostrados.
Después de referirnos a la metástasis en general, nos hemos detenido más aún en las metástasis del corazón y del diafragma, junto al yeyuno e íleon, por ser las regiones que menos tumores primarios presentan, así como de metástasis en todo el cuerpo humano.
Tanto en el corazón como en el diafragma ofrecemos un meticuloso estudio basándonos esencialmente en sus células contráctiles y células de conducción nerviosa, siendo en ambos órganos más abundantes las células contráctiles; observaciones a las que les concedemos una singular importancia.
La ley de Maxwell no sólo trata de demostrarnos la etiopatogenia tumoral, sino que también nos ayuda de forma muy valiosa a concebir fundamentalmente cómo y por qué medio se produce principalmente todo proceso metastásico y la curación espontánea del CÁNCER.
PALABRAS CLAVE
Metástasis: Ley de Maxwell, principalmente.
Curación espontánea: potenciales eléctricos débiles o ausencia eléctrica.

METÁSTASIS

La metástasis es un proceso de expansión tumoral ejercido principalmente por el sistema nervioso.
Actualmente se conocen cinco vías de proyección: vía sanguínea, linfática, hormonal, conectiva y nerviosa.
Cuando las células se proyectan por la vía sanguínea, al llegar a los vasos capilares se extravasan a través de la barrera subendotelial, pero son muy pocas las que lo consiguen.1 La capacidad electroquímica de estas escasas células que lo consiguen, lógicamente, está notablemente disminuida. Ya no reciben electricidad alguna como la recibían en su punto de origen, es decir, del órgano del tumor primario. Son como las pilas eléctricas, que poco a poco se van consumiendo, y al agotarse su limitada energía eléctrica, dichas pilas “mueren”. Y esto es precisamente lo que ocurre en el torrente sanguíneo.
Son muy escasas las células que alcanzan la extravasación, cuyo porcentaje no llega ni al uno por cien1, y las que lo consiguen, sólo actúan en tejidos permisivos1, es decir, formados de una estructura química similar a la del tejido del tumor primario. Pero en este segundo tumor no experimentan sus células una excitación capaz de proyectarlo por vía nerviosa hacia una tercera diana. Las células implantadas mediante este proceso de extravasación sólo han conseguido el contagio sin producir excitabilidad nerviosa. Las pruebas que hasta ahora se han efectuado, demuestran cuanto acabamos de exponer.
Si la célula extravasa se deposita en tejido de distinta especie, el cáncer no se produce. Su tránsito por la sangre así lo demuestra. Los leucocitos, por ejemplo, no son contagiados.
Tenemos nuestras dudas sobre los experimentos efectuados por Fidler y Kripke (1997)4 tras la inoculación intravenosa en ratones. Consideramos excelente la prueba, pero nos parece incompleta. No se ha tenido en cuenta el proceso de la intravasación, en qué condiciones energéticas invadieron la vía sanguínea o linfática, el tiempo empleado en hacer la intravasación y su duración en la vía sanguínea, el tiempo y vitalidad al efectuar la extravasación y, finalmente, conocer su acción en el nuevo parénquima. (Fig. 1)
Lógicamente, la prueba directa de inoculación intravenosa es más simple y más rápida que cuando se efectúa realmente en nuestro organismo. Con dicho método se emplean células malignas debidamente preparadas y conservadas; de esta forma tendrán más energía eléctrica y química que las células procedentes del tumor primario. Estas últimas penetran en el torrente circulatorio por millones y apenas sin voltaje eléctrico. (Fig.1)
Cuando a una células no se le administra continuamente la electricidad que necesita, forzosamente disminuye el número de mitocondrias y, por tanto, pierde poder energético.
Y aquí surge la siguiente interrogante: ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una célula extravasada? Indudablemente debe existir una notable diferencia entre la célula maligna del tumor primario y la célula maligna debidamente conservada y preparada. Esta última entra en la vía sanguínea con más vitalidad y además hace un recorrido más corto. La célula que procede del tumor primario está más desgastada, tiene que efectuar un mayor recorrido y con mayor dificultad.
Sin embargo, no ocurre igual con la célula maligna debidamente “manipulada” y preparada. Esta célula, por poseer una normal o elevada carga eléctrica y hacer un recorrido más corto, al llegar al segundo parénquima es normal que produzca el contagio. Pero no se proyecta hacia un tercer órgano. Esto es así. En tal sentido, ya se conocen pruebas de laboratorio efectuadas en distinto lugares del mundo científico.
Si la sangre fluye por todo el organismo portando las células malignas, ¿por qué no se depositan estas en el corazón, diafragma, en la piel, músculos, etcétera? Es muy posible que dichas células mueran en la misma vía sanguínea por las causas anteriormente apuntadas y, después de la extravasación, raramente llegan al segundo parénquima con la exigible fuerza electroquímica.
Con la vía linfática pasa exactamente igual. Las células que fluyen por ella tampoco producen tumores linfáticos. La causa es bien sencilla: las células malignas procedentes de cualquier parénquima son de una especie distinta a las de los linfocitos. La rapidez con la que se producen los tumores terciario, etcétera, no puede efectuarse nada más que por la vía nerviosa, que, indudablemente, es la más rápida de las cinco vías. Su velocidad normal puede llegar hasta los 120 metros por segundo.
El electromagnetismo se dirige a distancia y en distintas direcciones, favoreciendo de este modo la producción tumoral metastásica. Existen diversos axones que se dividen en varias ramas, por lo que pueden transmitir la información a varias dianas diferentes.2 Las ramas de un solo axón pueden establecer 1000 conexiones (sinapsis) con otras neuronas. La electricidad (corriente nerviosa) se establece así de forma ininterrumpida. Pero puede producirse la circunstancia de que la neurona postsináptica carezca de axón y por tanto de dendritas. La conducción nerviosa sufre alteraciones. En tales circunstancias, preguntamos: ¿puede ser esta disposición neuroanatómica la causante de la curación espontánea del cáncer?
Un tumor del sistema nervioso central (SNC) muy raramente puede producir metástasis en el sistema nervioso autónomo. Creemos que la causa es porque no existen relaciones anatómics entre ambos sistemas. En cambio, la sangre fluye por todo el organismo y no produce metástasis, salvo muy raras excepciones consideradas como patológicas. Tampoco se produce leucemia por un tumor producido en cualquier parénquima. Con la vía linfática sucede lo mismo. La vía hormonal actúa siempre con la colaboración del sistema nervioso.
Los tumores del SNC producen las metástasis en su propio sistema y en el sistema neurovegetativo no sucede lo mismo. En este sistema predominan las acciones químicas sobre las eléctricas11, y además, el parasimpático conecta con el encéfalo a través del corredor celular existente en la médula espinal. Esta es la diferencia que existe entre ambos sistemas, pero es posible que también se produzcan determinadas patologías metastásicas.
La mayoría de las células malignas que pasan al torrente circulatorio mueren; no se encuentran en su habitual campo de vida. Algunas consiguen sobrevivir y consiguen su extravasación a otros tejidos de la misma familia en donde se formó el tumor primario. Si la célula se deposita en tejido de distinta especie, el cáncer no se produce. Su tránsito por la sangre lo demuestra.
Tanto la vía linfática como la sanguínea se constituyen en depósito y tumba de las células malignas extravasadas. Normalmente, las células malignas nacen y mueren en sus respectivas vías de conducción. (Fig. 2)
La proyección por vía conectiva (intersticial) sólo abarca a las células correspondientes al mismo órgano, glándula o tejido donde se origina el tumor. No tiene expansión a grandes distancias.
Por la vía nerviosa, la metástasis puede producirse a grandes distancias y con mayor rapidez. Por esta vía, el tiempo empleado es de milésimas de segundo; por la vía hormonal, el tiempo oscila entre segundos y minutos; por la vía sanguínea es de segundos, si es por vía arterial, y de minutos, si es por la venosa; por la vía linfática, el tiempo es de minutos a horas; y la vía conectiva (intersticial), la velocidad dura días, meses y hasta años.
Como vemos, la vía de proyección más rápida es la nerviosa, pero cuando esta vía es estimulada, excitada, la rapidez es mucho mayor.7 Esta vía nos explica con mayor claridad y nitidez la producción metastásica. La ley de Maxwell refuerza esta creencia. Dicha ley (no principio) nos dice que “las acciones bioquímicas que se producen en su punto inicial son las mismas que se producen en sus puntos terminales”.8 Y al ser los tejidos de parecida familia, es muy lógico pensar y creer que los efectos son los mismos: intervienen idénticos factores o elementos.
La excitación celular se localiza esencialmente en las dendritas y en las espinas dendríticas. La excitación pasa al soma celular, que es donde se ejercen las principales y más importantes funciones electrobioquímicas. En esta importante y básica zona neural intervienen las mitocondrias y las proteínas nucleares, citosólicas y las mitocondriales. Todas estas proteínas tienen acción motora2, favoreciendo así el aumento y la rapidez eléctrica a través de los canales iónicos, que están insertados en la propia membrana.
Una membrana celular de mayor diámetro siempre tendrá, lógicamente, mayor número de canales iónicos que las membranas de menor tamaño. Al tener la membrana mayor diámetro, el cono axónico y su axón también deben tener un mayor calibre de conducción. “Algunos axones se dividen en varias ramas y, por tanto, pueden transmitir la información a varias dianas diferentes”. Las ramas de un solo axón, insistimos, pueden pueden establecer mil conexiones (sinapsis) con otras neuronas.2
Esta breve descripción neurofisiológica nos da una idea y unos importantes puntos conceptuales para comprender mejor que la vía nerviosa se constituye como la vía principal conductora de todos los procesos metastáticos.
En las restantes vías (la sanguínea, linfática, hormonal y la intersticial o conectiva) también interviene la excitabilidad celular; y cuánto mayor excitación se produzca, mayor será la intensidad eléctrica.
La excitación del sistema nervioso se produce mediante reiterados estímulos más o menos rápidos y prolongados, cuyos efectos repercuten siempre en la membrana celular. De esta manera se produce la ruptura de la polarización de la membrana, donde existen miles de canales iónicos que están insertados en ella; un ión permanece dentro del canal menos de un microsegundo.2 Aunque todas las células del organismo poseen un potencial de membrana, sólo las neuronas tienen la capacidad de generar señales eléctricas muy rápidas que pueden ser conducidas a lo largo de los axones y las dendritas.2
El axón, cuyo diámetro oscila entre 0’2 y 20 micras (μm), se encarga de conducir la electricidad a distintas dianas. En el axón existen también otras tres clases de proteínas de acción motora: la dineína, la miosina y la quinesina, las cuales favorecen y fortalecen más aún la fluidez eléctrica.
La capacidad de un axón para alcanzar sus dianas adecuadas es esencial para la supervivencia de las neuronas.2 Si no alcanza la diana, lo más probable es que la neurona muera.2 En este caso no podría producirse la metástasis. Pero, ¿qué circunstancias deben darse para que la neurona no alcance su diana? Después de mucho estudio y reflexión, vemos cuatro posibles causas:
a) La neurona postsináptica no tiene axón o lo tiene corto. Algunos axones se dividen en varias ramas, alcanzando distintas dianas; pero si el axón no las tiene, lo más probable es que quede interrumpida la electricidad de la misma forma que se apaga un fuego por no existir medio alguno de continuidad, o interponerse un cortafuegos previamente implantado. Así, al no tener continuidad, la actividad eléctrica no puede alcanzar otra diana donde se producirían las mismas acciones bioquímicas (radiolisis, radicales libres, calor, etcétera) que en los tumores precedentes. Esta es una de las causas que concebimos, por la cual puede producirse la curación espontánea del cáncer. Lo consideramos como probable y lógico. Este “cortafuegos”, al que se nos ha ocurrido hacer mención, creemos que existe también en nuestro organismo.
b) Otro obstáculo o medio que puede interrumpir la continuidad de una intensa patología electroquímica es el siguiente: se sabe que las sinapsis eléctricas y químicas del sistema nervioso central (SNC) no tienen continuidad con las sinapsis eléctricas y químicas del sistema autónomo (neurovegetativo). Estos dos sistemas están separados anatómicamente, pero funcionan interconectados debido a la conexión existente entre el tálamo y el cerebro. ¿Puede este concepto neuroanatómico considerarse como un interruptor eléctrico?
c) Las células tumorales proliferan y emigran desde el tumor primario hasta órganos distantes para formar tumores secundarios o metástasis.4, 5, 6 En tal sentido, hemos conocido un caso clínico de un joven que padecía de un tumor maligno en la pierna derecha y falleció de una metástasis cardiaca. Las células malignas fueron transportadas al corazón a través de la vía sanguínea. Pero hay que reconocer que este caso es considerado como muy patológico; es muy raro que se produzca. Este es un caso clínico excepcional al ser provocada la metástasis por vía sanguínea, ya que, normalmente, no suele producirse por esta vía, salvo raras excepciones. Lo más normal y frecuente es que la metástasis se produzca a través del sistema nervioso, cumpliéndose así la ley de Maxwell.
d) Una cuarta posibilidad metastásica, a la que consideramos la más probable, es la siguiente: por vía nerviosa (la excitabilidad intensa existente en la zona tumoral de la pierna) puede alcanzar la vía sacra. De esta región medular parte un corredor celular de sustancia nerviosa que se extiende hasta la parte más alta del encéfalo: el hipotálamo. Pero esta intensidad eléctrica, al llegar al bulbo raquídeo, afecta a los nervios vagos (neumogástricos). El nervio vago, que tiene su origen en la médula oblonga (bulbo raquídeo), puede portar la intensidad eléctrica hasta los plexos aórticos, de donde parten unos finos nervios que conducen la electricidad hasta la cara posterior de la aurícula derecha, en el nodo sinusal (SA), que es el punto donde se produce el disparo eléctrico. Más adelante nos ocuparemos de esta zona cardiaca al referirnos al estudio neurofisiológico del corazón.
Mucho hemos reflexionado sobre el caso clínico comentado anteriormente, y hemos llegado a tener confianza con el siguiente razonamiento: cuando las células malignas contactan con otras células con heterogeneidad biológica de la composición celular del tumor primario y de cada metástasis, no es extraño que el contagio pueda producirse.
Todo ser humano es monoclonal en su origen1, y no llega a mostrar una amplia heterogeneidad celular.1 Los tumores, igualmente, aunque monoclonales en su origen, llegan a estar formados por múltiples subpoblaciones celulares que difieren en cuanto a sus propiedades genéticas, bioquímicas, inmunológicas y biológicas, tales como el cariotipo, la antigenecidad, la inmunogenecidad, la capacidad de proliferación, la angiogénesis, la composición de la membrana celular y la expresión de receptores, la capacidad para invadir y metastatizar.1 Estas diferencias de las propiedades celulares en un tumor particular se recogen dentro del concepto heterogeneidad tumoral.1 Pero la existencia de estos puntos conceptuales no deslegitima a la ley de Maxwell aplicada a la producción metastásica.
La composición celular de las distintas metástasis en un mismo huésped también es heterogénea.1 Pero sea cual fuere su composición, la electricidad está siempre ahí, en todas las células de nuestro organismo. Por tanto, al faltarles la electricidad, todas estas células se inhiben en sus funciones bioquímicas o mueren. Es lo que ocurre con la curación espontánea del cáncer. No vemos otra causa que produzca dicha curación. 
Inicialmente, la demostración experimental de la heterogeneidad de la capacidad metastásica la consiguieron Fidler y Kripke en 1977, empleando el melanoma B16 en ratones singénicos.1 Estos investigadores comprobaron que diferentes clones celulares, cada uno derivado de células individuales del tumor primitivo, diferían espectacularmente en cuanto a su capacidad para formar metástasis pulmonares tras la inoculación intravenosa en ratones singénicos.1 El hallazgo de que subpoblaciones celulares de diverso potencial metastático coexisten en el mismo tumor se ha confirmado posteriormente en modelos con diversas líneas celulares animales y humanas.1
La consecuencia que sacamos y creemos obtener de este sensacional y espectacular descubrimiento, es que todas estas secuencias son ejecutadas siempre con la presencia de la electricidad. Prueba de ello la tenemos al tener conocimiento de que “Fidler observó que la mayor parte de las líneas celulares derivadas de metástasis producían significativamente más metástasis que las células de la línea parental”.1 Consideramos que este maravilloso descubrimiento encaja perfectamente como una llave a su correspondiente cerradura. El hallazgo del Profesor Dr. Sodi Pallarés, que demostró que “las células metastásicas adquirían mayor rapidez a medida en que la metástasis iba avanzando”7, confirma la importancia eléctrica.
Nuestra aportación clínica es la siguiente: el tumor primitivo se forma siempre iniciándose con una excitación celular provocada por constantes estímulos. Según nuestro razonamiento, al persistir constantemente la excitabilidad neuronal, al aumentar el arrancamiento de electrones (aminoácidos, proteínas, lipoides, etcétera) provocados por la presencia de una gran intensidad eléctrica, es comprensible que se fueran produciendo las sucesivas metástasis con mayor rapidez.
Debido a este proceso electroquímico se han producido en las células malignas muy diversos efectos, que han sido descritos por el insigne Profesor Dr. González Barón, al que hemos seguido con mesurada pasión y no poca admiración. Nos describe con mucha sencillez el resultado de diversos experimentos en clínica, efectuados por acreditados y conocidos investigadores de laboratorio de todo el mundo. Por lo anteriormente expuesto, tratamos de expresar la necesidad imperiosa de mutua colaboración que debe existir entre los estudios experimentales de Laboratorio con los correspondientes a la Oncología Clínica.
Consideramos, pues, que existe una perfecta armonía, conexión o íntima relación entre los resultados obtenidos por el Profesor Sodi Pallarés7 con la meticulosa descripción que nos hace el Profesor González Barón1 sobre los muy variados efectos existentes en los diversos tumores metastáticos. Sólo pretendemos tratar de encontrar una eficaz línea o vía de investigación que aúne los dos distintos campos de investigación. Las correspondientes a la Clínica y al Laboratorio. Si no se produce con eficacia esta imprescindible conexión, difícilmente podría conseguirse tan anhelado objetivo: derrotar a tan terrible y criminal enemigo.
Nuestra modesta posición en el campo de la cancerogénesis es muy simple: sacar conclusiones viables de cuantos conocimientos de Laboratorio y de Clínica hemos obtenido. Consideramos que lo que hemos manifestado en distintas publicaciones, es suficiente para dar a conocer nuestra inclinación y distinta vía investigadora.
Se ha demostrado que “la conducción en los axones mielinizados es más rápida que en los axones amielínicos de un similar diámetro”.2 Aquí se impone la lógica y el criterio de un adecuado razonamiento. La rapidez eléctrica será tanto mayor cuánto mayor sea el contenido de electrones y el grado de excitabilidad neuronal. Es evidente que, al no existir la mielina en determinados conductores nerviosos, los electrones (que tienen carga eléctrica negativa) no pueden aparecer ni favorecer la intensidad y fluidez eléctrica en igualdad de diámetro axónico.
A la electricidad le concedemos una vital importancia en todo proceso tumoral. Por ejemplo, “las ondas electromagnéticas actúan ejerciendo una acción similar en sus puntos iniciales y terminales”,8 dando lugar con ello a una cascada metastásica con sus características generales y específicas, debido a que las células metastásicas pueden adquirir multitud de propiedades biológicas.
Según propuso Foklman en el año 1971, el crecimiento tumoral y la formación metastásica dependen del desarrollo de nuevos vasos sanguíneos o angiogénesis.1 Dicho autor revisó los datos experimentales sobre los que se apoya esta hipótesis.1 Actualmente se cree que la formación de metástasis depende de la angiogénesis.1 La angiogénesis es necesaria tanto al inicio como al final de la cascada metastásica.1 Y se aportan pruebas efectuadas en animales de experimentación.
Si todo este mecanismo de la angiogénesis fuese cierto en todo su proceso desde su iniciación hasta su fase terminal, preguntamos: ¿por qué no se produce neoplasia primaria donde no existe electricidad y sí en cambio hay riego sanguíneo? ¿Se conoce algún proceso tumoral en las extremidades de un parapléjico? Nosotros no lo conocemos. En el corazón es rarísimo que se produzca un cáncer primario, siendo rico en riego sanguíneo. En el yeyuno e íleon también existe circulación sanguínea, pero tampoco aparece neoplasia alguna. Lo mismo podemos decir del diafragma. Estas cuatro partes orgánicas, en cambio, no reciben la suficiente intensidad eléctrica para poder iniciarse un proceso tumoral. Luego creemos que para que se inicie cualquier tipo de cáncer es necesario que se produzca una excitación celular, que es la que provoca y activa la conducción nerviosa (eléctrica). Por tanto, donde no hay electricidad no se pueden producir acciones químicas, aunque exista riqueza de riego sanguíneo.
Consideramos, pues, que “la formación de neovasos en el inicio y en fases terminales de todo proceso tumoral, constituye un efecto más, provocado por una actividad electroquímica intensa y constante”. Los vasos sanguíneos nuevos de un simple mamelón son producidos por la presencia y actividad nerviosa. Los neovasos aparecen también en los papilomas plantares y una riqueza invervadora; sin la presencia nerviosa y hormonal no se puede producir el tumor papilar.
Por tanto, creemos que “los estímulos son de origen nervioso y no angiogénicos”. Ya hemos expuesto en tal sentido que las células de tumores metastáticos suelen invadir más rápidamente que las de tumores no metastáticos (primarios). Aquí podemos comprobar la importancia que tiene la inervación y la vascularización en todo proceso tumoral, desde su inicio hasta su fase final. Es indudable que sin sangre no hay vida, pero sin nervios no hay acciones químicas. Así pues, cada sistema tiene su específica función y comportamiento en la formación metastásica.
Es un hecho demostrado que “durante la extravasación y la intravasación, una célula maligna de cualquier tipo histológico debe penetrar la membrana basal subendotelial”.1 Por último, las células metastásicas extravasadas en un órgano diana deben emigrar a través de la estroma perivascular para poder desarrollar una colonia tumoral en el seno del parénquima.1
Como vemos, la célula maligna extravasada sólo ha conseguido el contagio en tejido permisivo, pero no ha sido capaz de proyectarse a una tercera diana. Creemos estar convencidos de que este proceso de expansión ha quedado interrumpido porque la célula o células invasoras no han podido producir un estado de excitabilidad celular, que es imprescindible para que se produzca la conducción eléctrica (nerviosa).
Se sabe con certeza que “todas las células del organismo poseen un potencial de membrana. Sólo las neuronas tienen la capacidad de general señales eléctricas muy rápidas y proyectarse a grandes distancias a través de los axones y de las dendritas”.2 Así pues, esta proyección y distribución nerviosa (eléctrica) puede hacer posible que se la considere como el medio a través del cual se cumple la ley de Maxwell.
Este sistema de proyección a distancia no es único, también puede hacerse por vía sanguínea. Pero esta vía no acaba de convencer plenamente por la causa que acabamos de comentar. En cambio, creemos que la vía nerviosa es la que mejor puede justificar la metástasis a distintas dianas y a larga distancia.
Son muy numerosas las células malignas que consiguen la extravasación, pero “sólo un pequeño porcentaje (< 0’001%) llega a iniciar colonias metastásicas”.1 Este proceso metastático lo comparamos con varias pruebas que se han efectuado en distintos laboratorios del planeta. Éstas consisten en el empleo de células de cultivo y aplicarlas a tejidos con sistema nervioso, produciendo el contagio tumoral. En cambio, esta misma prueba se efectuó con tejido sin inervación y el cáncer no se produjo. En este último caso, no era posible que se produjese un proceso electroquímico por ausencia de nervios. Una célula sin inervación carece de actividad química.
METÁSTASIS CARDIACA
La metástasis cardiaca es rara, a pesar de ser rica en riego sanguíneo. Su electricidad es extracardiaca. Si fuese la sangre la portadora principal de la metástasis, no se explica cómo no la produce frecuentemente en el corazón, en la piel, el músculo esquelético, en el yeyuno e íleon, diafragma, etcétera. En todas las partes de nuestro cuerpo existe su correspondiente riego sanguíneo. Somos del criterio de que la vía principal de expansión metastásica es la nerviosa.
Opinamos que tumores que se hacen incurables a pesar de haber sido tratados con todos los medios que actualmente hay disponibles, se debe posiblemente a que no se ha combatido su posible causa, es decir, la excitación celular constante. Y a medida que esta enfermedad va avanzando, la excitación celular es mayor, y por lo tanto, mayor será la intensidad eléctrica, que es la causante (así lo creemos) de que las metástasis se produzcan cada vez con mayor rapidez.
La creencia esencial en la que nos basamos sobre la etiopatogenia tumoral es la excitación nerviosa. Para que se produzca la excitación, las neuronas tienen que estar poseídas de buena energía química y mecánica. Si la persona no está bien alimentada, todas las células del organismo se debilitan; por tanto, las neuronas pierden su actividad química y mecánica, por lo que es difícil que se produzca y se cumpla la ley de transformación de la energía. Por ello no es de extrañar que “en el mundo, la incidencia de cáncer es relativamente baja en las regiones subdesarrolladas y se incrementa notablemente en las occidentales más desarrolladas”.7 Luego creemos sentirnos reforzados con la teoría electrobioquímica para la formación y propagación tumoral.
Conclusión. Cuanto mayor es la intensidad eléctrica, las células malignas avanzan con mayor rapidez.6,7 Por tanto, a menor velocidad eléctrica, las células malignas avanzan más lentamente. Y si no hay corriente eléctrica no se pueden producir acciones bioquímicas. Esta última circunstancia es posible que sea la causa por la que se produzca la curación espontánea del cáncer. No conocemos otra.
METÁSTASIS DIAFRAGMÁTICA
En el músculo diafragmático, al igual que en el corazón, es muy raro que se produzca la metástasis. Las características neuroanatómicas y neurofisiológicas de ambos músculos son similares. Incluso la producción metastásica es aún más escasa en el diafragma, al recibir este importante órgano potenciales eléctricos más débiles que los que existen en las dos aurículas.
Al diafragma le asiste la misma circunstancia y posibilidad de padecer de metástasis que en los ventrículos. No conocemos ningún caso clínico de cáncer metastásico en los ventrículos ni en el diafragma.
Ambas regiones, ventrículos y diafragma, se encuentran en idénticas situaciones electroquímicas. Este es nuestro criterio.

DIAFRAGMA. SU INERVACIÓN

El diafragma es el músculo más importante para la inspiración. La expiración, normalmente, es un proceso pasivo.10 En el diafragma abundan más las células contráctiles que las células de conducción.9, 10 Aquí observamos una clara similitud con las células contráctiles y de conducción cardiacas. Pero ¿cuál es su inervación?
El nervio frénico es el nervio motor del hemidiafragma correspondiente. Conduce al músculo las incitaciones rítmicas transmitidas por su centro en la médula oblonga (bulbo medular). Cuando se efectúan incisiones diafragmáticas (frenotomias) se debe tener en cuenta la dirección de las ramas terminales del nervio.12 Pero el nervio también es sensitivo, doloroso al pinzamiento; sus fibras simpáticas contribuyen a la función trófica y al tono diafragmático.12
El diafragma es atravesado también por numerosos órganos que pasan del tórax al abdomen y viceversa12, debido a los hiatos y forámenes que tiene el diafragma. Por delante, el pericardio fibroso adhiere íntimamente al corazón y al diafragma a través del centro frénico por intermedio de su envoltura serosa y fibrosa12, pero no aporta inervación motora hacia el interior del diafragma.
El hecho importante es que este músculo que funciona automáticamente, recibe dos nervios: los nervios frénicos. Los seis últimos nervios intercostales envían igualmente ramos para el diafragma. Su función motora es muy discutible.12
Ramos simpáticos: llegan al diafragma, no sólo por los nervios frénicos, sino también por los plexos periarteriales.
Como vemos, el diafragma presenta, como el corazón, una inervación periférica, es decir, extradiafragmática. Su conducción eléctrica se efectúa a través de sus células contráctiles. Aquí observamos una gran semejanza neuroanatómica y neurofisiológica con el músculo cardiaco y los efectos son los mismos: escasez tumoral.
Es también muy importante conocer las ramas terminales de los nervios frénicos. De acuerdo con Thevenet y Prioton, se pueden describir tres ramas terminales tanto a la derecha como a la izquierda: anterior, lateral y posterior, que se separan del nervio algo por encima del diafragma.12 Las dos primeras ramas, anterior y lateral, se insinúan en el espesor de las fibras musculares; la posterior pasa a la cara abdominal del diafragma.12
Los terminales nerviosos de los dos nervios frénicos ejercen una función en el diafragma similar a la que ejercen los ramos terminales del nervio vago (parasimpático) que arrancan desde los plexos aórticos hasta la cara posterior de la aurícula derecha; y los terminales de los nervios frénicos llegan de forma muy atenuada a la cara superior del diafragma, transmitiendo también a sus células unas cargas eléctricas derivadas de potenciales eléctricos débiles; y, por lo tanto, predominando las cargas de signo positivo.
De aquí que deduzcamos la existencia de una patología electroquímica parecida entre ambos músculos, corazón y diafragma, tanto para la formación de tumores primarios como de tumores metastáticos, siendo más difícil la formación de los primarios por las causas que han quedado anteriormente expuestas. Y en el diafragma más difícil aún. Las casuísticas mundiales así lo demuestran.
El cáncer primario y la metástasis se producen también muy raramente en el yeyuno e íleon por causa similar a la del corazón y el diafragma. Su estudio ha sido publicado recientemente en la web PortalesMédicos.com, bajo el título “Nuevas aportaciones sobre la escasez de cáncer en el corazón, diafragma y yeyuno e íleon”  (http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/1590/1/Nuevas-aportaciones-sobre-la-escasez-de-cancer-en-el-corazon-diafragma-y-yeyuno-e-ileon-.html).
¿Estamos en lo cierto? ¿Qué errores hemos cometido? Y, sobre todo, ¿qué le falta a esta dificilísima investigación para ser completada? Pacientemente esperamos.

FUERZA MAGNÉTICA SOBRE CORRIENTES ELÉCTRICAS

“Supongamos que tenemos un hilo conductor por el que pasa una corriente eléctrica en presencia de un campo magnético; éste ejercerá una fuerza sobre cada una de las cargas en movimiento que constituyen la corriente eléctrica. Dicha fuerza es transmitida por las cargas al hilo conductor”.8
Como vemos, la fuerza magnética puede ser transmitida al nervio motor a través de las cargas, tanto de signo positivo (+) como negativo (-). Un motor eléctrico se mueve gracias al momento de fuerza que produce un campo magnético sobre una bobina por la que circula una corriente.13 ¿En nuestro cuerpo se produce un proceso similar?
Nuestro organismo está poseído de una gigantesca maquinaria eléctrica desenvolviéndose en un circuito cerrado. Pero también existe en nuestro cuerpo un campo magnético que ejerce una poderosa fuerza sobre cada una de las cargas positivas y negativas que forman nuestra propia corriente eléctrica.
El campo magnético de nuestro organismo está generado por las cargas en movimiento, es decir, por la corriente eléctrica. Los imanes son materiales que producen campos magnéticos debido a las corrientes microscópicas de sus electrones y a los espines de sus partículas, tanto electrones como núcleos.8 Cada espín genera un campo magnético microscópico, al igual que lo haría una pequeña corriente microscópica.8 Los campos eléctricos son producidos por las cargas y por las variaciones de los campos magnéticos.8
Se sabe que los motores eléctricos se mueven gracias al momento de fuerza que produce un campo magnético sobre una bobina por la que circula una corriente.8 Si este mecanismo es así, nos vemos impulsados tras largo razonamiento, a efectuar una obligada interrogante: ¿puede ser neutralizada la intensidad de nuestros conductores eléctricos al actuar la fuerza magnética? Lo que sí conocemos es que, al suprimirse la corriente electromotriz en las extremidades por una paraplejía, por ejemplo, la fuerza magnética desaparece. En los casos de hemiplejía poco intensa, la fuerza magnética aparece simultáneamente al recuperar el enfermo la corriente eléctrica. Las hiperqueratosis que padecían anteriormente a la hemiplejía vuelven también a reaparecer y en el mismo lugar donde estaban. Este proceso electroquímico lo hemos observado en nuestra propia consulta de Podología en varios casos.
CONCLUSIÓN
La fuerza magnética actúa sobre cada una de todas las cargas de la corriente electromotriz neutralizando así la intensidad eléctrica. Al disminuir su intensidad y al no poder alcanzar los 10 o 15 eV, no pueden producirse radiaciones ionizantes; y al no existir dichas radiaciones, es muy difícil que se produzca radiolisis y los radicales libres. En cambio permanece la producción de intenso calor, del que más adelante nos ocuparemos.
Anteriormente hemos dicho de 10 a 15 eV debido a que el autor Ortuño Ortín8 nos dice que a partir de los 10eV, mientras que el Profesor Dr. González Barón1 opina que es a partir de los 15eV. Sea cual fuere el mínimo de eV no cambia el proceso electroquímico que acabamos de describir.
Por tanto, ¿sería también la fuerza magnética la causante de la curación espontánea del cáncer, tanto del tumor primario como todos los tumores metastásicos? ¿Sería eficaz la colocación de un “polo biomagnético” en el tumor primario (punto inicial) y otro polo en el tumor metastático (punto terminal)?
Nos agradaría ver los interrogantes despejados y resueltos de forma concluyente y sin el menor atisbo de duda. Pero, sinceramente, tenemos nuestras dudas, a pesar de cuanto hemos leído en torno a la acción de la fuerza magnética sobre la corriente eléctrica. No obstante, es posible que con el empleo de dicha fuerza se consiga transformar la fuerte intensidad eléctrica de nuestros conductores nerviosos en potenciales eléctricos débiles. En este caso abundarían las cargas eléctricas de signo positivo y disminuirían los electrones. Si así fuese, no se producirían los efectos que ya conocemos: radiaciones ionizantes, radiolisis, calor, radicales libres, etcétera.
La verdad es que hay que dudar de todo mientras no se aporten las pruebas consideradas como irrebatibles. Esta es la verdadera investigación científica.
A continuación vamos a dedicarle unas breves líneas a un punto que consideramos ciertamente interesante: la difusión del calor.

DIFUSIÓN DE CALOR

La conducción calorífica se debe fundamentalmente a los choques entre los iones, y en menor medida a los de los electrones.8 Las leyes de Fick se aplican también a la conducción del calor. La densidad del flujo de calor es proporcional al gradiente de temperatura.8
“El transporte calorífico por convección se produce cuando el medio en sí se mueve formando una corriente”. Únicamente se da en los fluidos incluidos en los conductores eléctricos del cuerpo humano. Son corrientes de convección las corrientes de agua o de aire debido a cambios de temperatura. La convección es un mecanismo muy importante de disipación de calor y de mantenimiento de temperatura corporal adecuada en los seres vivos. La convección entre el interior de un organismo superior y su periferia se produce a través de la sangre y la corriente eléctrica. “La transmisión de calor a través de las ondas electromagnéticas recibe el nombre de radiación”.8
Las ondas electromagnéticas son el único tipo de onda no material descubierto hasta la fecha. Las ondas no transportan materia, y sí transportan energía.
Al atravesar una corriente eléctrica un conductor se genera una cierta cantidad de calor como consecuencia de los choques que producen la resistencia eléctrica (efecto Joule). Como cada vez se va produciendo un mayor arrancamiento de electrones en la membrana celular y en el axón, la velocidad y la intensidad eléctrica va aumentando también. Este fenómeno es el que se produce en la metástasis. Y ésta, ¿puede desaparecer por las causas que anteriormente hemos expuesto al referirnos a los “polos biomagnéticos” y a la “fuerza magnética”?
En tal sentido, consideramos interesante conceder a los “imanes” la importancia que pudiera tener sobre los distintos elementos conceptuales que hemos mencionado.
A continuación vamos a esbozar nuevamente un breve comentario sobre la importancia que tienen los imanes para obtener una mayor concepción de lo que acontece en nuestro organismo desde el punto de vista electromagnético.

ELECTRICIDAD

La fuerza eléctrica depende únicamente de los puntos inicial y final.8 “Las partículas con carga positiva tienden hacia las regiones de menor potencial eléctrico, mientras que las que poseen carga negativa tienden a las de mayor potencial eléctrico”.8
La doble capa eléctrica de las membranas biológicas actúa como un auténtico condensador8, pues acumula carga eléctrica de distinto signo y en igual cantidad en cada una de sus dos superficies.
La intensidad de la corriente a través de una sección dada se define como la carga total que la atraviesa por unidad de tiempo.8 En una región en la que existe un campo eléctrico constante, las cargas libres acelerarán uniformemente velocidades cada vez mayores, pues están sujetas a una fuerza constante.8 Esto está en contradicción con la ley de Ohm, pues la intensidad (I) aumentaría con el tiempo para una velocidad (v) fija. Esta aparente paradoja se debe a que no se han tenido en cuenta los choques de las partículas cargadas que constituyen la corriente con las impurezas del material.8 Dichos choques frenan la aceleración de las cargas, haciendo que éstas se muevan en valor medio con velocidad constante, lo que está de acuerdo con la ley de Ohm. Los choques, pues, producen la resistencia al paso de la corriente. El valor de la resistencia eléctrica depende del número de choques que se producen8 y del diámetro del conductor eléctrico.
Después de haber efectuado este breve estudio sobre la electricidad, se impone la necesidad de aportar algunos conceptos sobre las ondas electromagnéticas, que a continuación exponemos.

ONDAS ELECTROMAGNÉTICAS

Las ondas electromagnéticas son uno de los fenómenos físicas más relevantes en el estudio de la ciencia de la vida.8. A nosotros nos interesa en este estudio la importancia que revisten las ondas electromagnéticas en nuestro organismo y su relación con la producción tumoral. Y este estudio lo basamos en el conocimiento de la Neuroanatomía y la Neurofisiología. Procuraremos no enrevesar el tema, exponiendo nuestros conocimientos de forma sencilla y suficientemente comprensible, hasta el punto de que pueda ser asimilado fácilmente, incluso por personas no profesionales. Empecemos.
La electricidad que llega al nodo sinoauricular (SA), situado en la parte posterior de la aurícula derecha, procede de un fino conductor nervioso que tiene su origen en el plexo subaórtico. Este nervio es portador de potenciales eléctricos débiles y, por tanto, fluyen por él cargas eléctricas de signo positivo, mayoritariamente. El nodo SA inicia el impulso eléctrico, que se extiende como onda y estimula ambas aurículas (Fig. 2). Este estímulo eléctrico nunca se produce en los ventrículos por cuya causa resulta prácticamente imposible la formación tumoral; y por otras causas que más adelante comentaremos.
No conocemos ningún caso de sarcoma primario cardiaco que haya afectado a los ventrículos. Veremos el porqué. El estímulo eléctrico nacido en el nodo SA se aleja siempre radialmente en todas las direcciones. La despolarización auricular es una onda progresiva de cargas positivas dentro de las células del miocardio.9
La onda eléctrica, pues, representa la actividad eléctrica de la contracción de ambas aurículas.9 La onda eléctrica auricular representa la despolarización y contracción de ambas aurículas. La contracción se produce un poco después de la despolarización. Después, el impulso llega al nodo aurícula-ventricular (AV), donde se produce una pausa de una décima de segundo, lo que permite que la sangre llegue a los ventrículos.
Pero la electricidad llega a los ventrículos de forma indirecta desde el nodo SA con abundancia de cargas positivas. Después de la pausa de una décima de segundo, el nodo AV es estimulado y se inicia un impulso eléctrico que se dirige hacia abajo por el haz de His. El haz de His, que nace en el nodo AV, se divide en ramas derecha e izquierda dentro del tabique interventricular.9
El sistema de conducción neuromuscular de los ventrículos se compone de una sustancia nerviosa especializada que transmite el impulso eléctrico del nodo AV.9 Las dos ramas del haz de His, derecha e izquierda, terminan en las fibras de Purkinje. Los impulsos eléctricos fluyen más rápidamente en dicho tejido nervioso que por las propias células del miocardio.9
Este sistema eléctrico que estamos describiendo sólo tiene potencia para provocar estímulos, contracciones, lo mismo que ocurre en el yeyuno e íleon, de cuya parte orgánica nos ocuparemos más adelante. Pero sigamos con el proceso eléctrico miocárdico.
Las fibras de Purkinje transmiten el impulso eléctrico a las células del miocardio, produciendo sólo la contracción simultánea de los dos ventrículos. Estos no muestran respuesta física a la repolarización. Se trata estrictamente de un fenómeno eléctrico registrado sobre el EKG (electrocardiograma).10
Desde el punto de vista de la electricidad cardiaca con respecto a la formación tumoral, no debemos olvidar que el impulso eléctrico (despolarización) es simplemente una onda progresiva de cargas positivas dentro de las células.9 Por lo tanto, la despolarización (impulso eléctrico) de los ventrículos va siempre del endocardio hacia la superficie externa, atravesando todo el espesor de la parte ventricular. Salvo muy rara patología, en estas circunstancias es muy difícil que el sarcoma primario cardiaco pueda producirse. La excitación celular cardiaca precisa de la presencia de una actividad suficiente de electrones, que normalmente no existen. Así pues, el proceso electroquímico que se produce en cualquier órgano, glándula o tejido para producir un neoplasma, no es posible que se produzca en el corazón, por las causas neuroanatómicas y neurofisiológicas que acabamos de mencionar.
También es muy importante conocer, aunque sea someramente, la electrofisiología cardiaca. Ésta incluye todos los procesos implicados en la activación eléctrica del corazón: potenciales de acción cardiacos, conducción de potenciales de acción a lo largo de tejidos especializados de conducción, excitabilidad y periodos refractarios, efectos modulares del sistema nervioso autónomo sobre frecuencia cardiaca, velocidad de conducción y excitabilidad y electrocardiograma (ECG).10
Hemos comentado la gran dificultad que presentan los ventrículos para padecer de cáncer y que su electricidad la reciben indirectamente del nodo SA, incluso para bombear de sangre los ventrículos deben ser activados eléctricamente y a continuación se contraen.10 En el músculo cardiaco la activación eléctrica es el potencial de acción cardiaco10 que se origina en el nodo sinoauricular9 (SA). Los potenciales de acción iniciados en el nodo SA se conducen rápidamente a todo el miocardio en una secuencia temporal específica.10
A los potenciales de acción vamos a dedicarnos seguidamente.

POTENCIALES DE ACCIÓN CARDIACA:
ORIGEN Y PROPAGACIÓN DE LA EXCITACIÓN INTRACARDIACA

El corazón consta de dos tipos de células musculares: contráctiles y de conducción. Las células contráctiles comprenden la mayor parte del tejido auricular y ventricular10, y son las células de trabajo cardiaco. Los potenciales de acción de las células contráctiles provocan la contracción y generan fuerza o presión.
Las células de conducción incluyen los tejidos del nodo SA, fascículos internodales de la aurícula (a los que ya hemos hecho amplia referencia en anteriores trabajos publicados), nodo AV, haz de His y sistema de Purkinje. Las de conducción son células musculares especializadas que no se contraen ni generan fuerza.10 Su función esencial es propagar rápidamente los potenciales de acción  débiles sobre todo el miocardio.10 También, los tejidos especializados de conducción son su capacidad para generar potenciales de acción de manera espontánea. Sin embargo, esta capacidad está suprimida normalmente, salvo por el nodo SA.10
El potencial de acción se propaga a través de los fascículos internodales (Fig. 3), que también hemos mencionado en el trabajo que publicamos con el título “Cáncer. Etiopatogenia”. Sin embargo, debemos añadir unos datos sobre los ventrículos, por considerarlos de particular interés: la velocidad de conducción a través del nodo AV es mucho más lenta que en otros tejidos cardiacos. La conducción lenta a través del nodo AV garantiza que los ventrículos cuenten con el tiempo suficiente para llenarse de sangre antes de ser activados para contraerse.10 También, desde el nodo AV, el potencial de acción penetra en el sistema específico de conducción de los ventrículos. La conducción del potencial de acción a través de los ventrículos es también indispensable y permite una contracción y expulsión eficientes de la sangre.10 (Fig. 8)
Un ritmo sinusal normal significa patrón y secuencia normales de la activación eléctrica del corazón.10 Para calificar como normal un ritmo sinusal se deben satisfacer los tres criterios siguientes: a) potenciales de acción originados en el nodo SA; b) impulsos nodales SA con una frecuencia regular de 60-100 impulsos por minuto; y c) la activación del miocardio debe ocurrir en la secuencia correcta y con los tiempos y retardos correctos.10
Los conceptos aplicados a los potenciales de acción cardiacos son los mismos conceptos que rigen en los potenciales de acción en el nervio, músculo esquelético y músculo liso10, pero con una intensidad electroquímica muy inferior a la de los distintos órganos, glándulas y tejidos de nuestro organismo, donde los potenciales de acción se efectúan con mayor intensidad, y están expuestos a producir y a recibir grandes intensidades electroquímicas. En cambio, la electricidad del corazón es extracardiaca, procedente del nervio vago y del simpático (Fig. 5 y 6). Estos dos importantes nervios forman tres plexos: plexo retroaórtico, preaórtico y subaórtico (Fig. 7). De este último plexo parten unos finos nervios que presentan en su trayecto unos pequeños ganglios celulares que le proporcionan mayor energía conductora. Estos finos nervios se dirigen hacia la parte posterior de la aurícula derecha, que es el punto donde se origina el disparo eléctrico. Las acciones electroquímicas, pues, se realizan en el corazón de forma pausada y rítmica, bajo el mandato siempre (salvo patología) de potenciales eléctricos débiles, insuficientes para poder producir intensas actividades electroquímicas como ocurre en la mayor parte de nuestro cuerpo. Es evidente que las bases iónicas para los potenciales de acción en las aurículas, ventrículos y sistema de Purkinje son idénticas.10 Todas las fases de despolarización que se producen en el endocardio se realizan a un nivel subumbral bastante más inferior que en el resto de nuestro organismo10, pero con la fuerza o intensidad suficiente para mantener con constante energía sus propios impulsos electroquímicos.
De aquí, que en el corazón el cociente de Loeb se mantenga constantemente en equilibrio. El coeficiente de Loeb es el siguiente:

K+ + Na+

 

 

—————-

= 1

El 1 representa el equilibrio iónico

Ca2+ + Mg2+

 

 

La velocidad de conducción cardiaca tiene el mismo significado que en las fibras nerviosas y músculo esquelético.10 Determina cuánto tiempo tomará el potencial de acción para propagarse a diferentes sitios en el miocardio.10
Su excitabilidad es la capacidad de las células miocárdicas para generar potenciales de acción en respuesta a una corriente interna despolarizante.10 La excitabilidad de una célula miocárdica varía durante el curso del potencial de acción y estos cambios de excitabilidad se reflejan en los periodos refractarios. Las bases fisiológicas para el periodo refractario en las células miocárdicas son similares a las de las células nerviosas.10
En estas condiciones electroiónicas es muy difícil que pueda producirse un sarcoma primario en el corazón. No vemos otra causa.

EFECTOS AUTÓNOMOS SOBRE LA VELOCIDAD DE CONDUCCIÓN EN EL NODO AURICULOVENTRICULAR (AV)

Los efectos del sistema nervioso autónomo sobre la velocidad de conducción se denominan efectos dromotrópicos.10 El aumento de la velocidad de conducción se conoce como efecto dromotrópico positivo y la disminución de la velocidad de conducción se llama efecto dromotrópico negativo.10 Los efectos más importantes del sistema nervioso autónomo sobre la velocidad de conducción recaen sobre el nodo AV que, en efecto, altera la velocidad de conducción de los potenciales de acción desde la aurícula hasta los ventrículos.10
La estimulación del sistema nervioso parasimpático genera un incremento de la velocidad de conducción a través del nodo AV (efecto dromotrópico negativo), que aumenta la velocidad de conducción de los potenciales de acción sobre las aurículas hasta los ventrículos.
La estimulación del sistema nervioso simpático reduce la velocidad de conducción a través del nodo AV (efecto dromotrópico positivo), que disminuye la velocidad de conducción de los potenciales de acción desde la aurícula hasta los ventrículos.
Todas estas velocidades eléctricas que acabamos de describir, que van desde la parte posterior de la aurícula derecha hasta el nodo AV, parten con una conducción conteniendo esencialmente cargas eléctricas de signo positivo, por lo que puede afirmarse, y así lo confirman los hechos, que la actividad eléctrica intracardiaca es insuficiente para producir excitación celular intensa como las que suelen producirse frecuentemente en los sistemas nerviosos central y autónomo (neurovegetativo).
De la misma manera que ocurre en los músculos esquelético y liso, el acoplamiento excitación-contracción del músculo cardiaco traduce el potencial de acción en la generación de tensión10, pero a unos niveles soportables dentro del marco de un normal funcionamiento electrofisiológico, incapaz de producir peligrosas intensidades eléctricas. Si estas intensidades se produjesen, se formarían los sarcomas primarios con la misma frecuencia que en los sistemas neurovegetativo y central. Afortunadamente esto no sucede así en el corazón.
Con esta breve y concisa descripción neuroanatómica, neurofisiológica y electroquímica del corazón, consideramos haber sentado una base más que suficiente para comprender el porqué es muy difícil la producción tumoral cardiaca.
Pero también es extremadamente raro que el cáncer se produzca en el diafragma. En trabajos anteriormente publicados exponemos ampliamente el porqué el neoplasma se produce aún con más escasez que en el músculo cardiaco, incluso a través de procesos metastáticos. La metástasis tumoral cardiaca, aún no siendo frecuente, la casuística mundial nos dice que la producción de un tumor primario o secundario del diafragma presenta una mayor ausencia. El estudio de la electrofisiología del músculo diafragmático nos aclara y demuestra que los potenciales eléctricos de sus células se producen por excitaciones aún menos intensas, siendo por tanto dichos potenciales más débiles que en las células cardiacas. Y al ser débiles sus potenciales eléctricos por tener en el interior de la membrana celular solamente cargas eléctricas positivas, creemos que es lo suficiente para convencer sobre la causa por la que no pueden producirse intensos potenciales de acción (excitación).

TRATAMIENTO. SUGERENCIAS

Antes de esbozar y dar a conocer las cualidades curativas del “par biomagnético” que nos da a conocer el Doctor Isaac Goiz, hemos creído oportuno exponer unos breves conceptos sobre los imanes
IMANES
El imán está rodeado de un campo magnético. Un imán, frecuentemente en forma de herradura o de barra que mantiene la magnetización indefinidamente (siempre que no se caliente, golpee o se exponga a extraños campos magnéticos), es llamado imán permanente o electroimán.
En la mayoría de las máquinas eléctricas es un electroimán. Los imanes son materiales que producen campos magnéticos debido a las corrientes microscópicas de los electrones y a los espines de sus partículas, tanto electrones como núcleos. En tal sentido, nos hace pensar en la posibilidad de que, aplicando unos polos electromagnéticos en nuestro organismo en la forma que ya hemos apuntado, podrían obtenerse resultados muy óptimos en el tratamiento de todos los procesos tumorales.
Y nos explicamos: una pequeña corriente microscópica genera un campo magnético. Lo mismo sucede en los espines de las partículas de los electrones. Así pues, la corriente eléctrica total depende de la interferencia entre el flujo magnético y la corriente eléctrica. Los modernos equipos de detección magnética permiten identificar la zona espacial del cerebro (por ejemplo) de donde proviene una determinada señal mucho mejor que por medio de métodos eléctricos.8
Aparte de los magnetogramas, existen diversas técnicas biosanitarias basadas en efectos magnéticos. Un campo magnético induce una magnetización debido a que los momentos angulares interactúan con las oscilaciones de los iones, que son los responsables de que se establezca un equilibrio térmico.
“Se ha analizado y tabulado los desplazamientos químicos de varios centenares de metabolitos, fundamentalmente en el plasma y la orina, pero también en la bilis y en los líquidos cerebroespinal, amniótico, etcétera.”8 “El seguimiento mediante resonancia magnética del plasma de pacientes sometidos a tratamientos en algunos tipos de cánceres presenta unas perspectivas muy prometedoras.”13 Efectivamente, este hecho real y evidente nos induce a pensar en las enormes posibilidades que puede proporcionarnos el empleo de los dos polos electromagnéticos a los que anteriormente hemos hecho referencia. Al quedar neutralizada la intensidad eléctrica, que siempre aparece aumentada en todo tipo de cáncer, su actividad química perniciosa sufre un brusco descenso. La célula maligna siempre precisa de la presencia eléctrica, y cuánto más intensa sea la electricidad, con más rapidez avanzan las células malignas.8
Actualmente, están tomando fuertes impulsos los estudios que masivamente se vienen lanzando por todo el planeta en favor de la eficacia del biomagnetismo en muchas enfermedades, entre ellas, el cáncer. Sobre este punto ya hemos expuesto nuestras propias consideraciones. Sólo nos resta manifestar nuestro vehemente deseo de que se le preste de forma decidida y contundente a que sea sometido a un profundo estudio el tratamiento de todos los cánceres a través del biomagnetismo.
Merece la pena, a pesar de nuestras dudas.
“TEORÍA DEL PAR BIOMAGNÉTICO”
Imán. Trozo de material magnético que ha sido magnetizado y está, por tanto, rodeado de un “campo magnético”. Un imán que tiene la magnetización indefinidamente (siempre que no se caliente, golpee o exponga a extraños campos magnéticos) es llamado un imán permanente. V. también electroimán. “Ejerce una fuerza sobre un conductor próximo que transmite corriente”. Imán de campo. Produce el campo magnético en una máquina eléctrica. La mayoría de las máquinas es un electroimán.13
Un electroimán consta de una bobina de hilo enrollado sobre una barra de hierro dulce. Cuando pasa una corriente a través de la bobina, se instaura un campo magnético y el núcleo de hierro dulce se magnetiza por inducción, de manera que su campo magnético se añade al producido por la corriente. De este modo se constituye un intenso campo magnético que puede establecerse o suprimirse a voluntad, permitiendo o no el paso de corriente. Se prefiere el hierro dulce porque puede magnetizarse y desmagnetizarse con facilidad.13
Un imán es una sustancia que presenta ciertas propiedades, entre las que se hallan el poder de atracción de determinados materiales. Los materiales que pueden ser magnetizados son el hierro y el acero, y en cuantía menor el níquel y el cobalto. El hierro dulce adquiere fácilmente las propiedades magnéticas, pero también las pierde más rápidamente, recibiendo el nombre de imán temporal. El acero es mucho más difícil de imantar, pero retiene esta cualidad mucho más tiempo que el hierro, denominándose imán permanente. Este término es un tanto erróneo, ya que las propiedades magnéticas se pierden con el tiempo.
Una corriente eléctrica produce efectos magnéticos, como así sucede en nuestro organismo. Y una bobina de alambre que conduce una corriente actúa como un electroimán. Las propiedades magnéticas sólo están presentes cuando está pasando la corriente eléctrica.
Si un alambre que conduce corriente eléctrica actúa como un electroimán, hay que pensar que el nervio motor de nuestro organismo puede ejercer la función de electroimán, al ser también un conductor eléctrico. De aquí, que el “par biomagnético” tenga una acción positiva y eficaz para disminuir las intensidades eléctricas.
Las propiedades magnéticas de un imán se deben, probablemente, a la rotación de los electrones en sus órbitas, lo que origina diminutas corrientes eléctricas y produce las propiedades magnéticas. La corriente electromotriz de nuestro cuerpo, al tener mayor abundancia de electrones por arrancamiento de cargas eléctricas negativas tanto de la membrana celular como durante su trayecto en la mielina, aumenta también el campo magnético.
Un imán puede producir propiedades magnéticas en una pieza de material magnetizable por contacto o por inducción.
El espacio que rodea a un imán, y en el cual se hacen aparentes las fuerzas magnéticas, se conoce como campo magnético. Las fuerzas que actúan a lo largo de líneas definidas, las líneas de fuerza magnética por las que se desplazaría un polo norte libre, sí podría moverse en el campo magnético. Las líneas de fuerza magnéticas se dirigen desde el polo norte hasta el polo sur; tienden a tomar el camino más corto entre dos puntos, es decir, líneas rectas.13 Estas son las propiedades de las líneas de fuerza magnéticas.
Estos “polos norte y sur” que acabamos de mencionar, equivalen en nuestro organismo a los puntos inicial y terminal de nuestros conductores eléctricos (nerviosos). La corriente eléctrica que fluye por nuestros nervios, produce un campo magnético alrededor de la zona por donde está pasando. Y las ondas electromagnéticas que se producen en nuestros propios conductores, se dirigen a distancia y en cualquier dirección. Lo mismo que en los tendidos eléctricos, con la diferencia de que en nuestro organismo, al desaparecer la electricidad desaparecen las ondas electromagnéticas, y en los tendidos eléctricos las ondas electromagnéticas se independizan y se reproducen continuamente.
Es posible que por sus propios efectos químicos nuestra electricidad pueda producir virus, bacterias, etcétera, tanto en el tumor primitivo como en los tumores secundarios. Este proceso electroquímico se ajusta adecuadamente a la ley de Maxwell. Esta teoría defiende y demuestra que “las acciones químicas que se producen en su punto inicial son las mismas en sus puntos diana”. Aunque en nuestro organismo hay que tener en cuenta las diferentes características biológicas de cada órgano, glándula o tejido. Pero los efectos patológicos son los mismos. Ejemplo: en el tumor papilar plantar se producen distintas cepas de virus. Todos estos distintos virus son producidos por un mismo proceso electrohormonal. De aquí que deduzcamos que no es extraño que aparezcan también distintos virus en cualquier parte orgánica de nuestro cuerpo. Luego el cáncer no es producido por ningún virus. El virus aparece por un proceso electroquímico similar al que acontece en el papilomavirus plantar. El virus es, pues, un efecto.
Este proceso que acabamos de mencionar confirma una vez más la ley de Maxwell. Los tumores metastáticos son semejantes a los del tumor primario, aunque aparezcan distintos trastornos biológicos y estructurales que son propios en los diversos órganos, glándulas o tejidos.
El tumor papilar plantar, insistimos, nos demuestra que es producido por una actividad electrohormonal. Normalmente se produce entre los 7 y 12 años, aproximadamente. Si no hay electricidad, el virus no puede formarse. Luego el virus es una consecuencia de un proceso patológico electrobioquímico que se produce en el interior de la papila. Ésta es rica en nervios y en vasos sanguíneos, que son los que aportan las hormonas. Se conocen varios tipos de virus en dichos tumores papilares, que son benignos y no expansivos, donde proliferan abundantes neovasos y nervios.
En varias publicaciones que hemos dado a conocer, hemos expuesto que donde no hay inervación motora (electricidad) no pueden producirse acciones bioquímicas. Y ponemos como ejemplo a los ventrículos del corazón, diafragma y al yeyuno el íleon.
La electricidad se constituye en el sujeto, aunque a veces aparece elíptico. Es el caso de la enfermedad de Alzheimer, que por ausencia eléctrica iniciada en el parasimpático pélvico llega esta patología al hipotálamo. Esta glándula, al no recibir electricidad, deja de actuar; su inactividad electroquímica repercute en la hipófisis, que es la encargada de administrar y regular todas las necesidades hormonales del cuerpo. Queda también afectado el hipocampo, controlador esencial del sistema límbico. Al hipocampo se le han dedicado numerosos y extensos estudios, por su gran repercusión en nuestro organismo.
Tal es la importancia que tiene nuestro sistema nervioso, tanto por su ausencia como por su presencia.
TRATAMIENTO
Consideramos muy interesante el método que preconiza y defiende el Doctor mexicano Isaac Goiz, cuyo sistema de combatir múltiples enfermedades (entre ellas, el cáncer) lo vemos aparentemente lógico. Sugerimos que los imanes se coloquen en el punto inicial y en todos los puntos terminales de los nervios motores que inervan el tumor primario (punto inicial) y los tumores metastáticos (puntos terminales).
El tratamiento, pues, sería muy fácil, cómodo, sumamente económico y, sobre todo, eficaz. Bastaría con conocer a fondo nuestro amplísimo mapa neuro-anatómico y el adecuado conocimiento sobre la aplicación meticulosa de la teoría del “par biomagnético” que defiende y propaga el Doctor Isaac Goiz, aportando numerosos casos clínicos de curación total.
CONCLUSIÓN
El Doctor Isaac Goiz aportaría su tratamiento y nosotros la causa esencial de numerosas enfermedades en las que interviene nuestro sistema nervioso. La verdad es que no debe rechazarse toda idea aplicada con base y sentido común.

FIGURAS

BIBLIOGRAFÍA

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