Electricidad y Cáncer

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ÍNDICE

Breve introducción. Palabras clave
Una esperanza y un deseo
Nociones neuroeléctricas
Canales iónicos
Potencial de membrana
Electroquímica
Figuras
Bibliografía

BREVE INTRODUCCIÓN

A través de la historia de la Humanidad, se han descubierto numerosos hechos trascendentales que, con frecuencia, han estado precedidos por pequeños detalles y que, como es normal, han pasado desapercibidos, nunca se les dio la menor importancia.
Pero siempre, en todas las épocas de la vida, surgen personas poseídas de una cualidad imprescindible  para la investigación: se trata de practicar con la máxima atención y paciencia el poder de la observación. A esta importante cualidad le sigue un segundo proceso que es el estudio meticuloso, estricto y profundo de los hechos observados. Y, finalmente, viene la fase final, lo imprescindible y exigible. Nos referimos, como es lógico, a las pruebas, que exponemos en este estudio monográfico. Unas pruebas que confiamos en que sean consideradas plenamente convincentes. Ellas son las que pronuncian siempre el veredicto final. La verdad es que no nos preocupa mucho la suerte a la que pueda estar sometida la teoría electrobioquímica que propugnamos. Toda teoría emerge, nace a partir de los propios resultados obtenidos a los que debe ir plenamente ligada. Esta teoría está basada en el siguiente proceso: excitación celular, electricidad, ARN, ADN y Cáncer.
Mucho hemos reflexionado sobre el porqué la célula maligna presenta un aspecto monstruoso. Sospechamos que es debido a la radiactividad del isótopo 40K. Es posible que con la presencia de una gran intensidad eléctrica, dicho isótopo supere su radiactividad normal que es 0’01 por 100 del potasio (K) natural. La hiperexcitabilidad celular crearía un aumento del isótopo radiactivo 40K. Nuestro continuo razonar nos conduce siempre hacia la presencia de dicho isótopo en todo proceso tumoral por la causa que acabamos de apuntar.
Este proceso afectaría al ARN y, seguidamente, al ADN, que al producirse la ruptura de sus dos cadenas suele hacer irreversible el cáncer.
Más adelante ampliamos este delicado estudio.
PALABRAS CLAVE
Excitación celular, electricidad, ADN, ARN y CÁNCER.

UNA ESPERANZA Y UN DESEO

Nuestro continuo y tenaz estudio, basado en las observaciones en clínica y el posterior planteamiento de numerosas hipótesis, nos ha llevado a depositar nuestra fe y plena confianza en la teoría electrobioquímica, refrendada con pruebas de Clínica y de Laboratorio.
Todo este bloque de trabajo de investigación científica supone una parte importante para tratar de conseguir el anhelado objetivo. El resto de nuestro esfuerzo está debidamente cumplimentado por nuestra propia imaginación. Con frecuencia, ésta suele superar al conocimiento, aunque nosotros no estamos escasos de él. Ambos factores, imaginación y conocimiento, desarrollados con fe y una inquebrantable voluntad de conseguir el fin propuesto, creemos que son suficientes elementos para albergar una justificada esperanza: alcanzar nuestro más profundo deseo de vencer al enemigo, al que decididamente y sin el menor titubeo, hemos decidido hacer frente.
Con estas poderosas armas, tarde o temprano, el enemigo será vencido total y definitivamente.
Esta es nuestra fundada esperanza y nuestro mayor deseo.

NOCIONES NEUROELÉCTRICAS

”Las señales eléctricas (llamadas potenciales de acción) propagadas a lo largo del axón, son impulsos rápidos y transitorios que siguen la ley del todo o nada, y que se caracterizan por tener una amplitud de 100-110 milivoltios (mV) y una duración de 1 ms. Los potenciales de acción se inician en el cono axónico y son conducidos a lo largo del axón sin distorsión ni interrupción a velocidades que oscilan entre 1 y 100 metros por segundo, aproximadamente. La amplitud de las señales eléctricas permanece constante a lo largo del axón porque el impulso de todo o nada se regenera continuamente a medida que avanza a lo largo del mismo. Las señales eléctricas son similares en las diferentes áreas del sistema nervioso”.1
Para asegurar la conducción de las señales eléctricas  a gran velocidad, los axones se rodean de una vaina grasa llamada mielina. La mielina presenta interrupciones periódicas llamadas nodos de Ranvier, en las que se regeneran los potenciales de acción a medida que se propagan por el axón. “Los cuerpos celulares de las neuronas están rodeados por células gliales. En el sistema nervioso central (SNC) hay de 10 a 50 veces más células gliales que células nerviosas”.1 “Los astrocitos y los oligodendrocitos son los tipos principales de las células gliales en el SNC y las células de Schwann en el sistema nervioso periférico”. Las células de Schwann crean las vainas de mielina que aíslan a los axones en el sistema nervioso periférico. “El rasgo más destacado de las señales eléctricas es su uniformidad a lo largo del sistema nervioso, variando de forma sutil de una célula nerviosa a otra”.1 Algunas células nerviosas no generan señales eléctricas. Estas son característicamente interneuronas que carecen del elemento conductor: no tienen axón o lo tienen muy corto.1
“Clases diferentes de neuronas expresan combinaciones distintas de canales iónicos en sus membranas. La diversidad de los canales iónicos proporciona a la neurona una gran variedad de umbrales, propiedades de excitabilidad y patrones de excitación.1 Por tanto, la fuerza de excitabilidad de la membrana neuronal y el voltaje (tensión) varían entre unas células y otras, incluso dentro de la misma célula.
Las neuronas difieren también en sus trasmisores químicos y en sus receptores. Estas diferencias tienen una importancia fisiológica para el funcionamiento en un momento dado. También ayudan a que una enfermedad concreta ataque a un tipo de neuronas, pero no a otras. A pesar de estas diferencias, las propiedades básicas de la comunicación eléctrica son parecidas en todas las células nerviosas”.1 Esto puede determinar que un producto concreto considerado como cancerígeno haga efecto en unas personas y en otras ese mismo producto se muestre ineficaz, incapaz de producir excitabilidad y aumento de voltaje eléctrico en las neuronas. Las diferencias, pues, estriban en sus diferentes transmisores químicos y en la ausencia de conductores, como anteriormente se ha mencionado. No todas las personas tienen en sus neuronas la misma actividad en sus transmisores químicos y la misma longitud de sus axones. Por ello, creemos que a unas personas les perjudica mucho el tabaco y a otras menos. La proporción (cantidad) de proteínas mitocondriales puede influir también en la formación neoplásica. Estas proteínas sirven para facilitar el movimiento de los electrones (carga negativa).
Cuando hay pobreza en transmisores químicos, que no existen axones o que estos sean cortos, pueden dar lugar a una constante estabilidad de sus potenciales de acción. Esto permite a las neuronas mostrarse inexcitables, a pesar de la continuada y fuerte persistencia de todo tipo de producto o elemento excitante. “A pesar de estas diferencias, las propiedades básicas de la comunicación eléctrica son parecidas en todas las acciones eléctricas”.1
Luego, la producción de cualquier proceso canceroso estará siempre en función de cómo se encuentra la neurona. Esta se encarga del transporte del fluido eléctrico que ejecutará su acción en la parte orgánica receptora. Si no hay voltaje, no se produce el movimiento de los electrones y cationes; y en estas condiciones de la electricidad neuronal, es imposible la formación de cáncer.
“Las neuronas se diferencian de la mayoría de otras células en que son excitables. Esta excitabilidad se debe a la acción de determinadas proteínas existentes en la membrana celular. Al ser excitables, pueden experimentar cambios rápidos en el potencial eléctrico a través de su membrana, debido al flujo de iones desde o hacia el interior celular”.1 “Las células nerviosas producen tres clases de proteínas, cada una con características distintas: proteínas citosólicas, proteínas nucleares y mitocondriales. Estas dos últimas suponen un papel importante en la biología de la célula”.1
Las proteínas de cada una de las tres clases tienen propiedades para la conducción axónica y la transmisión sináptica. La energía del ATP formada en las mitocondrias es necesaria para los mecanismos de transmisión sináptica. El voltaje es precisamente el que provoca el movimiento de los iones. Si el nivel eléctrico en las membranas celulares aumenta, también aumenta en las membranas de las mitocondrias, y si disminuye en las membranas celulares también baja en las mitocondriales. Es decir, la capacidad eléctrica de ambas membranas depende siempre de la tensión o voltaje celular.
“La supervivencia neuronal se regula mediante interacciones con sus células diana”.1 La capacidad de un axón para alcanzar sus dianas adecuadas es esencial para la supervivencia de las neuronas. Si la diana está ausente, la neurona probablemente se atrofiará y morirá. Hoy día existen evidencias claras de que las células diana suministran factores neurotróficos que nutren a las neuronas presinápticas durante la formación de las conexiones sinápticas funcionales.1 Esta patología (diana y terminales nerviosos) acontece en la enfermedad de Alzheimer.
La comunicación neuronal depende de cambios rápidos en el potencial eléctrico a través de la membrana de la célula nerviosa. Durante un potencial de acción (señal eléctrica), el potencial de membrana cambia súbitamente, hasta 500 milivoltios por segundo. Estos cambios rápidos son posibles gracias a los canales iónicos, una clase de proteínas integrales que atraviesan la membrana celular y que se encuentran en todas las células del organismo. Estos canales tienen tres propiedades importantes: 1) conducen iones, 2) reconocen y seleccionan iones específicos, y 3) se abren y cierran en respuesta a señales eléctricas, mecánicas o químicas específicas.1 La actividad de los canales iónicos se hace con dificultad en los casos de organismos desnutridos, lógicamente, por tener estos un débil voltaje eléctrico en las neuronas que le impiden efectuar rápidamente el movimiento de los iones. Con voltaje eléctrico bajo, la intensidad eléctrica es baja.
La ley de la conducción nerviosa nos dice claramente que sin electricidad no hay acciones químicas. Esta ley se refleja perfectamente en los organismos desnutridos y en los hemipléjicos. A tal respecto, la clínica aporta una importante prueba, que es la siguiente: en todo hemipléjico que adquiera la facultad de una recuperación funcional, vuelven a reaparecer las hiperqueratosis que anteriormente padecía el paciente antes de habérsele presentado una hemorragia o trombosis cerebral. Es lógico: la corriente electromotriz (electricidad) ha vuelto a recuperar los mismos niveles eléctricos que el paciente tenía antes de la aparición de los procesos anteriormente descritos. Luego, queda claro y evidenciado que sin electricidad no puede producirse ningún proceso canceroso.
Los canales iónicos de las células nerviosas y musculares conducen iones a través de la membrana celular con unas tasas muy elevadas (hasta 100.000 iones por segundo pueden pasar a través de un solo canal), proporcionando un flujo significativo de corriente iónica. Esta corriente causa los cambios rápidos en el potencial de membrana necesarios para generar un potencial de acción (señal eléctrica). La elevada tasa de flujo iónico en los canales es comparable a la actividad de las enzimas más rápidas, como la catalasa y la anhidrasa carbónica, cuya actividad está limitada por la capacidad de difusión de sus sustratos.1 Es muy importante tener en cuenta la misión que ejercen las enzimas para facilitar el movimiento de los electrones y cationes, especialmente las enzimas mitocondriales. Cuantas más enzimas tengan las mitocondrias, mayor será la fluidez iónica.1 Si hay escasez de dichas enzimas, más lento será el movimiento de los iones.1 El ejemplo lo tenemos en los organismos desnutridos: a estos organismos no hay que confundirlos con los organismos mal alimentados: que comen mucho y mala alimentación.
El proceso de la excitabilidad neuronal puede muy bien justificar la dificultad o facilidad para la producción de cualquier tipo de neoplasmas. Por ello, los cientos de millones de personas que han fumado en exceso a lo largo de su dilatada vida, no han padecido de cáncer de labio, laringe o pulmón, por mostrarse sus neuronas inexcitables. O bien, que sus neuronas tengan una predisposición innata a ser constantemente hipotensas, es decir, mantener un constante voltaje con un nivel bajo. ¿Qué voltaje pueden tener las neuronas de un organismo desnutrido? Si no hay vitalidad no hay conductibilidad, ni excitabilidad según la ley de la conducción nerviosa. ¿Se puede ir contra esa ley? El proceso de la conducción de nuestra corriente electromotriz lo aclara y define de forma concluyente.
Los organismos muy deficientemente nutridos, por las circunstancias que acabamos de apuntar, lógicamente es más difícil que padezcan cáncer. Está suficientemente demostrado que los hambrientos muy raramente pueden padecer de cáncer. Esta prueba clínica en el ser humano, se ha demostrado también en las pruebas experimentales de laboratorio y que son sobradamente conocidas por los investigadores científicos de todo el mundo. La prueba que se ha efectuado es la siguiente: se ha dispuesto de un grupo de animales de laboratorio sin apenas alimentación, y otro grupo de los mismos animales bien alimentados. En los animales desnutridos al cabo de un tiempo determinado se les ha observado que tienen escasez de mitocondrias. A ambos grupos de animales se les aplicó productos considerados de alto nivel cancerígeno. El cáncer apareció pronto en los animales bien nutridos. En los desnutridos se formó, pero mucho más tarde; su rapidez nerviosa es más lenta. Una célula desnutrida no puede tener el voltaje suficiente para provocar una mayor velocidad eléctrica y así obtener el potencial eléctrico capaz de provocar con rapidez el movimiento de las dos cargas eléctricas, la positiva y la negativa que forman ineludiblemente nuestra propia electricidad (corriente electromotriz). Personalmente hemos sido testigos presenciales de la prueba con 30 ratas, efectuada por el Profesor Dr. Bartolomé Ribas Ozonas (Madrid).
Todo cuanto aquí se describe, está basado siempre y en todo momento en las leyes y reglas físicas, y con las imprescindibles pruebas experimentales de laboratorio y las amplias casuísticas que son factibles de obtener en los países del tercer mundo.
Por la importancia que tiene la corriente eléctrica en nuestro organismo, hemos expuesto unos breves y precisos elementos conceptuales, los suficientes para intentar profundizar y demostrar la decisiva influencia que tiene para la formación de todo tipo de proceso neoplásico, como también más adelante veremos.
Y lo iniciamos con los canales iónicos, de vital importancia para nuestro estudio.

CANALES IÓNICOS

¿Por qué tienen canales las células nerviosas? ¿Cómo pueden los canales conducir iones a ritmos tan elevados y ser selectivos? ¿Cómo se activan los canales? Y, ¿cómo se modifican las propiedades de estos canales por las variadas condiciones extrínsecas e intrísecas? (Ver figura 1)
Para entender por qué las células nerviosas tienen canales, es necesario comprender la naturaleza de la membrana plasmática y la físico-química de los iones en solución. La membrana plasmática de todas las células, incluyendo las células nerviosas, se compone de un mosaico de lípidos y proteínas.1 ¿Qué cantidad de grasas y de proteínas puede tener cualquier animal desnutrido? Si no las tiene, ¿cómo se va a producir un gran movimiento de iones? Está suficientemente demostrado que a mayor cantidad de mielina (grasas y proteínas), mayor es la intensidad y velocidad eléctrica de los nervios motores. En tales nervios de los animales desnutridos, las proteínas y las grasas forzosamente disminuyen y, por tanto, disminuye la vitalidad nerviosa, cumpliéndose así la ley de la conducción nerviosa. Así no es posible el transporte rápido de los iones, o lo que es lo mismo, el movimiento de los electrones y cationes que forman parte de nuestra corriente electromotriz. Sin voltaje no pueden activarse los canales iónicos, ateniéndonos a las reglas de la física. Ya hemos expuesto suficiente sobre este punto. Así lo creemos.
Indudablemente, se puede medir la corriente que atraviesa un único canal. El canal iónico se abre y cierra siguiendo la ley del todo o nada. Si se varía el potencial eléctrico (Vm) a través de la membrana, la corriente a través del canal (i) cambia proporcionalmente. Vm se mide en milivoltios (mV); i, se mide en picoamperios (pA).1 La corriente (i) se relaciona linealmente con la fuerza electromotriz. Dicho de otro modo, el canal se comporta como una resistencia eléctrica que sigue la ley de Ohm (I=VIR). (Los datos son cortesía de Olaf Auderson y Lyundon Providence)1
La fuerza electromotriz neta está determinada por dos factores: 1) la diferencia de potencial eléctrica a través de la membrana, y 2) el gradiente de concentraciones que se establece a ambos lados de la membrana. La variación de cada uno de estos factores puede modificar la fuerza electromotriz neta.1 Para que todos estos procesos electroquímicos puedan efectuarse, es imprescindible que nuestro organismo esté fuerte y, sobre todo, que exista la suficiente vitalidad de los nervios motores. Si hay debilidad, existe una notable disminución del potencial eléctrico y de movimientos iónicos.
¿Cómo puede un estímulo dado, como por ejemplo, un cambio en el voltaje o la unión de un transmisor, cambiar la conformación de un canal? En el caso de los canales activados por voltaje, como el canal de Na+, la apertura y el cierre se relaciona con la movilización de una región cargada del canal, en respuesta al campo eléctrico de la membrana. los cambios con el voltaje a través de la membrana tienen a mover esta región cargada de forma bidireccional siguiendo al campo eléctrico de la membrana.1 Los canales activados por voltaje, así como los activados por transmisores químicos, alcanzan el estado refractario mediante varios mecanismos. Los canales activados por transmisores pueden entrar a estado refractario cuando son expuestos prolongadamente al transmisor. Este proceso se denomina desensibilación.
La mayoría de los canales iónicos descritos hasta la fecha, están codificados por genes que pueden ser agrupados en tres familias. Una familia incluye a todos los genes que codifican para canales iónicos selectivos para Na+, K+ o Ca2+. Otra familia comprende a los genes que codifican para los canales activados por transmisores, como la acetilcolina, el ácido amino-butírico (GABA), la glicina o el ácido glutámico. La tercera familia de genes incluye a los que codifican para los canales de las uniones íntimas. Debido a que sólo se han secuenciado los genes para unos pocos canales iónicos, queda por determinar cuántas familias adicionales de canales existen.1 Los canales iónicos regulan el fluyo de iones a través de la membrana de todas las células. En las células nerviosas y musculares, estos canales son básicos para controlar los cambios rápidos en el potencial de membrana que se asocian con la generación del potencial de acción (señal eléctrica) y de los potenciales postsinápticos de las células diana.1
Dos avances metodológicos durante los últimos años, han contribuido a aumentar notablemente los conocimientos sobre la función de los canales. En primer lugar, la técnica del patch-clamp ha hecho posible medir directamente la corriente que fluye a través de un único canal. En segundo lugar, el clonaje y la secuenciación de genes han determinado la secuencia primaria de aminoácidos de muchos de los genes que codifican para los canales iónicos.1
Todos estos procesos electrobioquímicos se producen lentamente en los organismos desnutridos por tener una clara deficiencia eléctrica.
Al exponer estos breves apuntes sobre los canales iónicos, se hace imprescindible hablar de la membrana celular, lugar donde se realizan los mecanismos más importantes de la neurona. Y lo iniciamos haciendo mención a su propio potencial.

ELECTROQUÍMICA

Anteriormente hemos mencionado a la electroquímica como la ciencia que estudia las transformaciones químicas provocadas por la electricidad y viceversa, es decir, que las acciones químicas generan también electricidad. Sus efectos pueden ser bioquímicos, magnéticos y caloríficos.
La electricidad es un medio o elemento que puede producir directamente al cáncer sin necesidad de intervenir ningún producto cancerígeno, sea del tipo que sea, tanto de origen endógeno como exógeno. La electricidad por sí sola produce patologías bioquímicas que muchas veces conducen a la formación de neoplasia maligna y otras enfermedades. Este proceso nos hace pensar y acariciar la teoría electrobioquímica como la que refleja con mayor precisión y credibilidad el porqué y cómo se producen todos los tumores por una misma causa. Sin embargo, cualquier producto cancerígeno por muy potente que sea, no podrá producir ningún tipo de cáncer sin la presencia de nuestra electricidad. Si no hay electricidad no se pueden producir fenómenos bioquímicos que las células malignas necesitan para poder vivir y proliferar.
¿Qué electricidad y energía química pueden tener los organismos desnutridos? Prácticamente nula. Por ello, a nadie le podrá sorprender la rareza de aparición de tumores malignos en los países donde, por desgracia, abunda la miseria y el hambre. Al fluir por un conductor eléctrico, una corriente eléctrica produce siempre un campo magnético, fenómeno que difícilmente podría producirse en los organismos desnutridos. Un organismo sin energía química suficiente, no puede transformarla en energía eléctrica. Aquí no se cumple el principio de equivalencia de la energía. Si no hay suficiente electricidad en un cuerpo débilmente alimentado, difícilmente se producen transformaciones químicas; y como no hay energía química, ésta tampoco puede generar electricidad.
Conclusión: si no hay energía eléctrica no pueden producirse acciones bioquímicas; si no hay energía química no se puede generar corriente eléctrica. Para que se produzca el cáncer, se necesita que las células se muestren excitables. Sobre ello ya hemos comentado lo suficiente.
Hasta aquí hemos reflejado cuales fueron nuestras primeras observaciones en la investigación sobre la etiopatogenia tumoral. Con ello damos cumplimiento a varios investigadores que querían conocer los primeros pasos, el inicio de nuestras investigaciones. Y así lo hemos hecho, corrigiendo los errores que suelen cometerse inevitablemente en toda investigación científica, y más aún, cuando ésta se presenta altamente difícil y compleja. Y como fruto de estos benditos errores, hemos podido conocer, ampliar y perfeccionar nuevas investigaciones, que sucesivamente hemos ido publicando.
Resumiendo: cualquier excitante, tanto endógeno como exógeno, puede producir, entre otros nefastos efectos, la destrucción de la estructura celular (radiolisis).
Para que sea válida, toda investigación tiene que ser demostrada. Hemos procurado demostrarlo, describiendo detalladamente el proceso tumoral desde su iniciación hasta su fase final. El proceso, resumido, es el siguiente: excitación celular (sin excitación no hay conducción nerviosa), electricidad (iniciada en la membrana celular), efectos eléctricos3 (radiaciones ionizantes3, radiolisis, radicales libres y calor, entre otros efectos). Estos efectos provocados por grandes intensidades eléctricas dan lugar a disfunciones de la molécula de ARN que actúa como mensajero. Así, el ADN ya no puede recibir órdenes o mensajes procedentes del ARN que le son vitales para ejercer sus habituales funciones de coordinador y relacionador molecular, repercutiendo por tanto en el metabolismo y en el factor genético.
El aspecto monstruoso que presenta la célula maligna es posible que sea producido pro la hiperactividad del isótopo radiactivo 40K, junto al aumento de calor provocado por la intensidad eléctrica.
Toda esta patología electrobioquímica que se produce en un punto inicial es la misma que se produce en sus puntos terminales, según la ley de Maxwell4 (Fig. 2); y así se producirá la metástasis, de la que nos ocuparemos en el próximo trabajo.

FIGURAS

BIBLIOGRAFÍA

1.       KANDEL E., JESSELL TH. M. y SCHWARTZ J.; Neurociencia y Conducta; 2a edición. Páginas 37, 41, 47, 62, 72, 73, 114, 117, 123, 125, 128, 133, 136, 139, 140, 144-146, 149, 153, 161, 176, 186, 187, 197, 213, 235 y 312. Ed. J. Stummpf, ed., Impr. Grafilles, Madrid (1999).
2.       THOMAS GINGERAS – EDUARD POUNSET; Canal +; Culturales; 16 XI–2009.
3.       GONZÁLEZ BARÓN, M.; Cáncer y Medio Ambiente. Páginas 43, 49, 51, 59, 62, 63, 67. Ed. Noesis-Madrid (1997).
4.       JAMES CLERK MAXWELL; Electricity and magnetism. Colección Grandes Pensadores. Página 67.Ed. Centro Editor PDA, S.L. Espasa Calpe, S.A. (2007).
5.       SODI PALLARÉS, D.; Magnetoterapia y Cáncer; 2ª edición. Páginas 111, 141, 175, 184-186, 188, 189, 193, 194, 198, 199. (1995).

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