El cáncer y los plexos nerviosos

EL CÁNCER Y LOS PLEXOS NERVIOSOS

 

ÍNDICE

Resumen. Palabras clave
Plexos nerviosos
Plexos aórticos
Plexos periarteriales de los nervios frénicos
Plexo de la arteria mesentérica superior
Comentario final
Figuras
Bibliografía

RESUMEN

Siguiendo la vía de investigación basada en la teoría electrobioquímica, nos hemos valido de un importante resorte: la observación. A través de ella, y esgrimiendo la neuroanatomía y la neurofisiología, tratamos de demostrar la relación que tienen determinados plexos con los respectivos órganos a los que inervan mediante finos nervios. Estos nervios emergen de los plexos para aportar potenciales eléctricos débiles a sus respectivas partes orgánicas. Los potenciales eléctricos débiles conducen pequeñas cantidades de electricidad que provocan el estímulo, el cual tiene como principal misión activar las contracciones musculares a los órganos inervados.
En este estudio vamos a exponer la semejanza que existe entre los plexos aórticos, los plexos periarteriales de los nervios frénicos y el plexo de la arteria mesentérica superior. Con ello tratamos de demostrar que la función fundamental de los plexos consiste en proporcionar las contracciones a los respectivos órganos que inervan, con la salvedad de que dichas partes orgánicas reciben solamente potenciales eléctricos débiles en sus respectivos parénquimas. Nos referimos al corazón, diafragma y yeyuno e íleon.
Por lo anteriormente expuesto, intentamos demostrar el porqué se producen escasamente las neoplasias en los referidos órganos.
PALABRAS CLAVE
Plexos nerviosos, potenciales eléctricos débiles, corazón, diafragma, yeyuno e íleon.

LOS PLEXOS NERVIOSOS

En toda investigación científica, tanto de clínica como de laboratorio, el investigador debe ser riguroso, estricto y, sobre todo, paciente para intentar aunar todos los elementos conceptuales relacionados entre sí, y de esta manera poder conseguir la prueba irrebatible que con tanto ahínco se persigue. En este caso concreto nos referimos a la relación que existe entre tres importantes plexos nerviosos que, aún estando implantados en distintas partes orgánicas, ejercen una misma función. Esta consiste en que, a través de unos finos nervios que emergen de los plexos, provocan la contracción de los músculos que inervan. Estos tres plexos son los plexos aórticos, plexos periarteriales de los nervios frénicos y el plexo de la arteria mesentérica superior.
PLEXOS AÓRTICOS
En la figura 1 vemos cómo el nervio parasimpático (vago) y el simpático forman tres plexos alrededor de la aorta. En primer lugar, los plexos preaórtico y retroaórtico, y estos dos forman a su vez un tercer plexo: el subaórtico. De este último emergen unos finos nervios que, durante su trayecto presentan unas pequeñas células ganglionares encargadas de nutrir a sus correspondientes nervios. Estos finos nervios tienen su origen en el plexo subaórtico1 y terminan en el nodo sinoauricular (SA), situado en la parte posterior de la aurícula derecha.
Como vemos, la electricidad llega al corazón a través de dichos plexos. Por lo tanto, la electricidad que recibe este músculo es extracardiaca y no directa, como así sucede en otras partes orgánicas. El potencial eléctrico que fluye a través de dichos nervios es débil, lo que impide que en las aurículas se produzcan intensidades eléctricas superiores a los 15 electronvoltios. De esta disposición neuroanatómica y neurofisiológica es lógico y normal deducir que no se puedan producir los efectos eléctricos que acontecen en la mayor parte de nuestro cuerpo: calor, radiaciones ionizantes, radiolisis y, sobre todo, los radicales libres. Estos, por sí solos, pueden romper las dos cadenas de ADN; pero afortunadamente esto no sucede.
En el corazón, y también en el diafragma, abundan más las células contráctiles que las células de conducción, confirmándose así la íntima relación que existe entre la débil electricidad que penetra en el músculo cardiaco y la actividad contráctil de sus células.
Esta breve y concisa exposición que acabamos de describir nos aporta unos simples detalles que consideramos más que suficientes para intentar demostrar la causa por la que se hace muy difícil la formación del sarcoma primario cardiaco.
A continuación vamos a referirnos a los plexos periarteriales de los nervios frénicos, y veremos cómo su relación con el diafragma es muy similar a la relación de los plexos aórticos con el músculo cardiaco.
PLEXOS PERIARTERIALES DE LOS NERVIOS FRÉNICOS
Como en el caso anterior, en la figura 2 vemos una distribución y disposición neuroanatómica similar a la de los plexos aórticos. Los plexos periarteriales de los nervios frénicos se forman alrededor de las arterias torácicas internas y la arteria frénica. Ambas se funden entre sí y con pequeñas ramas forman círculos vasculares dentro del músculo,1 pero no penetran los terminales nerviosos.
Los ramos simpáticos llegan al diafragma, no sólo por los nervios frénicos, sino también por los plexos periarteriales”1 (figura 2). Estos plexos, como los aórticos y los correspondientes a la arteria mesentérica superior (de la que nos ocuparemos más adelante), originan también pequeños y finos nervios que se distribuyen por la superficie de la porción tendinosa (centro frénico) del diafragma.1 Los pequeños nervios, junto a las tres ramas en las que se dividen los nervios frénicos poco antes de llegar al músculo diafragmático, tienen como función esencial la de provocar las contracciones de tan poderoso órgano. Las tres ramas que se insinúan por la periferia diafragmática, se denominan rama anterior, posterior y lateral (figura 2).
Las ramas simpáticas llegan al diafragma por los nervios frénicos y por los plexos periarteriales, más concretamente, por los plexos de la arteria pericardiofrénica1 (figura 2).
De forma sencilla tratamos de explicar la semejanza neuroanatómica que existe entre unas determinadas partes orgánicas que ofrecen fuerte resistencia a padecer de procesos tumorales.
Los finos nervios que emergen de los referidos plexos ejercen sobre el diafragma una doble función: trófica y tónica, extendiéndose por la superficie del músculo diafragmático.1 El diafragma está unido a los ventrículos por medio de la porción tendinosa (centro frénico), lo que nos ayuda al esclarecimiento del porqué de la rareza tumoral en ambos importantes órganos.
Unas secuencias similares suelen acontecer en el yeyuno e íleon. Las expondremos a continuación, teniendo como base o punto de arranque al plexo de la arteria mesentérica superior.
PLEXO DE LA ARTERIA MESENTÉRICA SUPERIOR
Como acontece en los dos plexos anteriores (plexos aórticos y plexos periarteriales de los nervios frénicos), veremos que también se produce de forma similar el mismo cuadro anatómico-funcional en otra región de nuestro organismo. Anteriormente hemos descrito dos casos clínicos: uno correspondiente al sistema cardiovascular y el otro al sistema respiratorio. Pues bien, seguidamente vamos a referirnos a un tercer caso correspondiente al aparato digestivo.
Las vías digestivas se disponen frecuentemente en plexos con ganglios nerviosos en su trayecto,1 como así sucede en los dos casos anteriormente descritos.
El potencial eléctrico del yeyuno e íleon es débil. Sus ondas lentas proceden de las células intersticiales de Cajal, que son muy abundantes en el plexo mientérico.2,3 Este plexo forma parte del plexo entérico que se encuentra entre las capas musculares.
Del mismo modo que el nodo sinoauricular (SA) es el marcapaso del corazón, las células intersticiales de Cajal pueden considerarse como el marcapaso del músculo intestinal.2,3 Dicho marcapaso establece la frecuencia de potenciales de acción y contracciones.2,3 Y al igual que las células auriculares y ventriculares cardiacas, las células del yeyuno e íleon también tienen potenciales eléctricos débiles. Con esta electricidad no es posible que en estas dos regiones del intestino delgado se pueda producir una intensidad eléctrica superior a los 15 electronvoltios, que es cuando se inician fuertes radiaciones ionizantes, radiolisis, intenso calor y, muy especialmente, los radicales libres, que como decíamos anteriormente, está demostrado que, por sí solos, éstos son capaces de romper las dos cadenas de ADN.4
Estas intensidades eléctricas no se producen (salvo patología) en el músculo cardiaco ni en el músculo diafragmático. Y como hemos visto, tampoco aparecen en el yeyuno e íleon. En estas dos partes del intestino delgado se produce un ciclo de recambio celular muy rápido: todo el epitelio se renueva cada seis días.2,3 Por lo tanto, resulta muy difícil que con estas disposiciones neuroanatómicas y neurofisiológicas pueda formarse ningún tipo de tumor.
Como ya hemos referido, en el músculo cardiaco la electricidad se inicia en el plexo subaórtico; en el diafragma, la electricidad llega a través de los plexos periarteriales de los nervios frénicos y de las tres ramas (anterior, posterior y lateral) en las cuales se divide el nervio frénico poco antes de llegar al diafragma. Lo mismo sucede con la arteria mesentérica superior en la que existen los plexos prearterial y retroarterial (figura 3), de donde emergen numerosos finos nervios que conectan con el mesenterio.1 Y este, al insertarse en el yeyuno e íleon, le provoca contracciones intestinales, pero nada más. No pueden, por su débil potencial, provocar una peligrosa excitabilidad celular.
Así pues, vemos que existe una clara y contundente semejanza entre los tres casos clínicos descritos desde el punto de vista eléctrico. Actualmente existe una hipótesis muy generalizada y aceptada de que las ondas eléctricas lentas son generadas por las células intersticiales de Cajal, localizadas entre las capas musculares, longitudinal y circular, y en la submucosa del intestino. Estas ondas lentas, como las ondas electromagnéticas de las aurículas cardiacas, son portadoras de potenciales eléctricos débiles,5,6 por lo que resulta prácticamente imposible que se produzca tumor alguno.
Por otra parte, si las células de Cajal sólo viven seis días,2,3 es muy raro que se produzca ninguna neoplasia. Es lógico. En este espacio de tiempo no pueden producirse las tres principales fases de que consta la formación de un neoplasma. Estas fases son: la excitabilidad de la membrana celular (fase inicial), formación tumoral (requiere tiempo) y, finalmente, la proyección (metástasis). Este largo proceso electroquímico nos hace pensar y creer firmemente en la imposibilidad de formarse ningún proceso tumoral, salvo muy rara patología, en esta región de nuestro organismo. Igual que acontece en los dos casos anteriormente descritos.

COMENTARIO FINAL

Siempre y en todo momento hemos procurado no sacar a la luz un trabajo de investigación de Oncología Clínica sin ir acompañado y reforzado con cuantas pruebas puedan aportarse. Éstas deben ser ordenadas en eslabones bien relacionados y sin poder romperse ninguno de ellos, de tal forma que la cadena de la que forman parte todos los eslabones se muestre fuerte y consistente. Y esta fortaleza se adquiere asegurándose de que todos los eslabones de la cadena guarden una íntima relación entre sí. No puede interponerse ninguna duda, ningún fallo.
Como los genes que tenemos en nuestras células son los mismos en todos los tejidos, estén en la célula que estén,7 ¿por qué no quedan igualmente afectados los genes correspondientes a las células cardiacas, diafragmáticas y del yeyuno e íleon? Ateniéndonos a la teoría electroquímica, es lógico que así suceda normalmente: si hay pobreza de intensidad eléctrica (potenciales eléctricos débiles), la actividad biológica celular mantiene su normalización fisiológica de forma constante; no sufren los genes los impactos electroquímicos patológicos que con frecuencia aparecen en la mayor parte de nuestro organismo. Y si el gen no queda afectado por una patología electroquímica, nunca podrá producirse un proceso electrobioquímico. Las casuísticas mundiales nos dicen que son muy raras las formaciones tumorales en las regiones indicadas. Nosotros respondemos con el resultado de nuestras investigaciones, que aquí han quedado expuestas.
Con este trabajo que aportamos pretendemos demostrar la importancia que tienen diversos plexos nerviosos con relación a la formación de cualquier clase de cáncer. Toda parte orgánica que solamente recibe potenciales eléctricos débiles originados esencialmente en los plexos arteriales, está predestinada a no padecer de tan terrible mal, por las causas que acabamos de apuntar.
A través de PortalesMédicos.com hemos publicado diversos trabajos con sus respectivas pruebas. Y todas ellas encajan perfectamente en la misma cadena: la TEORÍA ELECTROBIOQUÍCA.
Y nada más. Sólo pedimos que tengamos suerte.

FIGURAS

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1.     LATARJET-RUIZ LIARD (1999): Anatomía Humana. Tomo 1º. 3ª edición. Editorial Médica Panamericana, pp. 94-95.
2.     POCOCK, G. & RICHARDS, C. D. (2005): Fisiología Humana. La base de la medicina. 2ª edición, Masson, pp. 442 y 443.
3.     RHOADES, R. A. & TAMMER, G. A. (1996): Fisiología Médica, Masson, pp. 587-589.
4.     GONZÁLEZ BARÓN, M. (1998): Oncología Clínica. 2ª Edición. Editorial Mono Comp. S.A., pp. 16, 283, 370.
5      DUBIN, D. (2000): Electrocardiografía Práctica; 3a edición. Editorial McGraw-Hill Interamericana, pp. 8, 9, 23, 73, 76, 77 y 153.
6.     COSTANZO, L. S.: Fisiología. Editorial McGraw-Hill Interamericana, México, pp. 63, 125-127, 129, 324-326 y 404.
7.     BALDA, C. (2010): La Gaceta (31 de diciembre), p. 38.

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