Cáncer. Pruebas y Conclusiones

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CÁNCER. PRUEBAS Y CONCLUSIONES

 

ÍNDICE

Resumen. Palabras clave
Cáncer
Conclusiones
Epílogo
Figuras
Bibliografía

RESUMEN

Son innumerables las vías de investigación científica que sobre la etiopatogenia tumoral se han empleado, y que siguen conociéndose de forma profusa y con matices muy diversos, que en poco o nada se asemejan entre sí.
Durante muchos años venimos dedicándonos a dicha investigación, manteniendo siempre como sujeto al sistema nervioso, tanto el central como el vegetativo. Desde su inicio y hasta el final, es el que ejecuta todos los procesos tumorales.
Con el hallazgo del ADN y, posteriormente, del genoma humano, se creía que el descubrimiento de la verdadera etiopatogenia tumoral sería cuestión de un prometedor y reducido espacio de tiempo. En una conferencia que tuvimos la oportunidad de ofrecer en el Salón Dorado del Instituto de Salud Carlos III de Majadahonda (Madrid), hicimos un especial énfasis sobre la vital y decisiva importancia que tiene nuestra propia electricidad sobre el ADN y el genoma humano.
Si a este proceso electrobioquímico le sumamos cuantas pruebas han estado a nuestro alcance y unas interesantes y sugestivas conclusiones, podrá apreciarse cómo el camino de investigación que hemos seguido tiene un fuerte y consistente valor científico. Sólo falta, así lo creemos, que la investigación en el laboratorio concrete y defina con precisión la relación existente entre la corriente eléctrica (excesiva, poca o ninguna) con la actividad celular.
Y no olvidamos que “sin electricidad nunca pueden efectuarse actividades bioquímicas”. Este es el principal concepto que nos ha servido como base de estudio y un gran punto de apoyo.
PALABRAS CLAVE
Genes, actividad nerviosa (electricidad), ventrículos, diafragma, yeyuno, íleon, gen KRAS, genoma y tabla PeGFer.

CÁNCER

Consideramos que todos los genes que aparecen en el cáncer y que muchos de ellos actualmente han sido descifrados, adquieren su patología por un proceso electrobioquímico en el que predomina la aparición de elevados potenciales eléctricos (de acción). ¿Por qué creemos en esta hipótesis? Desde el punto de vista clínico, nos hacen pensar y creer en el siguiente fundamento: “Está demostrado que, al faltar la corriente electromotriz en las extremidades del enfermo parapléjico, es imposible la formación de cualquier tipo de neoplasia”. Si no hay electricidad, ¿cómo se van a producir acciones químicas? Por tanto, los genes cancerosos son una consecuencia de un proceso electrobioquímico.1 Este proceso patológico lo hemos expuesto en otro trabajo que fue publicado en PortalesMédicos.com y que lleva por título “Cáncer. Etiopatogenia”.
En cambio, cuando existe poca intensidad eléctrica, el cáncer puede aparecer, pero más lentamente al persistir una notable disminución de electrones. En tal sentido, fuimos testigos personales de una prueba de laboratorio efectuada por el Profesor Dr. Bartolomé Ribas Ozonas, Jefe emérito del Área de Toxicología del Instituto de Salud Carlos III de Majadahonda (Madrid). La disminución de electrones se produjo por desnutrición en 15 ratas. La grasa, las proteínas, aminoácidos, etc. que constituyen la capa mielínica junto con el tejido conjuntivo, van disminuyendo y, por lo tanto, disminuye también la aportación de electrones a las neuronas tanto en el soma celular como en el axón.
En otras 15 ratas bien nutridas, que también fueron sometidas simultáneamente a la prueba con dimetilbenzoantrazeno (benzopireno), apareció el proceso tumoral cinco meses antes que en las 15 ratas desnutridas.
El efecto cancerígeno proporcionó mayor y más rápidamente la actividad al colaborar la predisposición de las ratas bien nutridas. “La capa mielínica de las neuronas de las ratas nutridas, aportaban gran cantidad de electones”. La intensidad eléctrica, por lo tanto, era muchísimo mayor. Los efectos, ya los conocemos.
También aportamos pruebas en el sistema neurovegetativo (involuntario), de las que extraemos las siguientes conclusiones:
Los potenciales eléctricos correspondientes a las aurículas del corazón son débiles, lo suficiente para mantener de forma constante la contractilidad del músculo cardíaco. No conocemos ningún caso clínico en que los ventrículos hayan padecido de sarcoma. A ambos ventrículos les llega la electricidad indirectamente por medio del nodo SA.3,4 En el caso excepcional y verdaderamente patológico de que el nodo SA reciba elevados potenciales eléctricos, sus efectos serían rapidísimos: el enfermo moriría sin que los ventrículos queden afectados de sarcoma. El nodo AV no puede recibir la intensidad eléctrica porque el corazón ha dejado de funcionar. Las aurículas han sido invadidas rápida e intensamente por los efectos eléctricos, como la radiolisis, radiaciones ionizantes y los radicales libres, especialmente.
Y si a los ventrículos no les llegan las intensidades eléctricas, al diafragma le sucede lo mismo que a la región ventricular. A través de la porción tendinosa (centro frénico) fluye un nivel de electricidad similar a la de los ventrículos. Por ello, ventrículos y diafragma están prácticamente exentos de padecer de ningún tipo de proceso tumoral maligno. Los genes son afectados previamente por una patología electrobioquímica.
Otra de las regiones de nuestro organismo con pobreza tumoral es la parte del intestino delgado formada por el yeyuno e íleon. Ambas zonas del intestino reciben también una electricidad cuyas características se asemejan a las de los músculos cardíaco y diafragmático. Si la electricidad que asiste al corazón y al diafragma favorece y facilita su contractilidad, la que inerva al yeyuno e íleon está encargada esencialmente de favorecer sus respectivos movimientos peristálticos.5,8 Y al carecer también de elevadas intensidades eléctricas5,8 acusan los mismos efectos que hemos descrito en el corazón y en el diafragma. Si a esta situación neuroanatómica y neurofisiológica, que es real y evidente, le sumamos las “abundantes células de Cajal que existen en dichas zonas intestinales y que sólo viven seis días”,5 creemos firmemente en la imposibilidad de que se pueda formar tumor alguno en el yeyuno e íleon, salvo rarísima patología (como en el corazón y en el diafragma).
De producirse una patología electrobioquímica, ésta afectará más seria y frecuentemente a los genes con mayor predisposición. Por ejemplo, en el colon existe el gen KRAS. Pero si este conocido gen no recibe los efectos propios de una alta intensidad eléctrica, el gen permanecerá inexcitado y mantendrá sus normales funciones biogenéticas. Dicho gen, si estuviese implantado en el yeyuno e íleon, por ejemplo, lo normal sería que, al no ser excitado por una determinada intensidad eléctrica, no sufriría la patología a la que está muy expuesto en el colon.
Esta hipótesis la razonamos y la exponemos valiéndonos de lo observado en el resto de todo nuestro organismo, donde existen muy distintas regiones que no están predispuestas a padecer de ningún tipo de cáncer. Y todas estas regiones coinciden en que sus respectivas actividades químicas están relacionadas con la presencia de débiles potenciales eléctricos.
Los potenciales eléctricos débiles raramente producen una patológica excitabilidad celular; y este estado permanente de inexcitabilidad celular hace presumir que esta sea la causa esencial de que no se produzca ninguna neoplasia. Ya nos hemos manifestado aquí y en otros trabajos de investigación clínica con la suficiente extensión, sencillez y claridad en torno a este complicadísimo tema, tanto para la clínica como para el laboratorio.
No son pocos los genes que hasta la fecha se han identificado y catalogado como predispuestos a desarrollar un determinado tipo de cáncer. Volvemos a lo mismo, a la misma hipótesis electrobioquímica: si no se produce el primer estallido celular, que es su excitación, no hay alta intensidad eléctrica, que es precisamente la que produce los temidos efectos que ya hemos mencionado, y, muy especialmente, los radicales libres.
Desde hace muchos años, estamos en la creencia de que el cáncer sólo podrá ser puesto al descubierto en todas sus facetas en cuanto se produzca una intensa y eficaz colaboración entre los investigadores de Clínica y de Laboratorio. Nuestra investigación de clínica data desde el año 1966, cuando escribimos nuestros primeros razonamientos. Y aquí estamos, cuarenta años después, enfrascados en una lucha titánica, contumaz y persistente.
En nuestros trabajos de investigación, siempre ponemos punto y seguido, nunca punto y final. Actualmente se ha demostrado que el descubrimiento del genoma humano nos ha proporcionado una información de incalculable valor científico: se trata de que, con el hallazgo del ADN se creía haber llegado al final del camino. Gracias al genoma, sabemos que es sólo el principio. Y este inicio genético tiene, posiblemente, su punto de arranque en una patología eléctrica.
El mayor ejemplo (y posiblemente el más convincente) que ofrecemos para tratar de demostrar nuestra hipótesis, lo tenemos en todas las partes orgánicas de nuestro cuerpo donde raramente se produce la neoplasia. Y en todos esos órganos aparece como denominador común la acción de potenciales eléctricos débiles. En estos casos, el núcleo celular no queda afectado por ninguna patología electrobioquímica. Es tal la importancia que le damos a nuestra propia electricidad, que incluso demostramos que “cuánto mayor es la intensidad eléctrica, con mayor celeridad avanzan las células malignas;1 y a menor intensidad, dichas células avanzan con mayor lentitud. Y, finalmente, si no hay corriente electromotriz, no hay actividad química y, por lo tanto, no puede producirse cáncer alguno.”
De lo anteriormente comentado, hemos extraído unas conclusiones que a continuación exponemos.

CONCLUSIONES

Cuando falta el sujeto (la electricidad), el que ejecuta la acción inicial de todo proceso tumoral, nunca, bajo ningún concepto, podrá formarse el cáncer, salvo rarísima patología. La patología de nuestra propia corriente eléctrica (sujeto) entra dentro de los normales cauces que rigen la fisiopatología de nuestro organismo.
Un ejemplo de ello lo tenemos en las partes orgánicas donde, con muy acusada escasez, aparece una patología tumoral. Estos raros casos clínicos los hemos mencionado reiteradamente por su vital importancia. “En todas las partes de nuestro cuerpo donde la neoplasia aparece muy raramente, normalmente no hay presencia de elevados potenciales eléctricos”. Disponen de una presencia neuroanatómica y neurofisiológica que les protege de tan terrible enfermedad.
Durante mucho tiempo venimos estudiando, meditando y razonando muy detenidamente la Anatomía de Latarjet y Ruiz Liard.6 Ello nos ha proporcionado la vía principal de nuestra investigación. Nuestro razonamiento nunca ha estado ausente del sentido común y de la responsabilidad. El estudio de la Anatomía, disciplina claramente coincidente con la realidad de los hechos, ha supuesto para nosotros un valioso resorte donde hemos basado importantes puntos de referencia. La anatomía humana y su fisiología son claramente coincidentes en el entramado de nuestra investigación. La anatomía es siempre la misma; sólo se ve perturbada por una patología fisiológica. La alteración neurofisiológica puede aparecer en todas las edades del ser humano, desde la misma fecha de nacimiento. La neurofisiología puede ser alterada por múltiples factores desencadenantes, tanto endógenos como exógenos. En la Tabla 1 (PeGFer) exponemos una sencilla síntesis basada en observaciones y pruebas.
La Gramática nos dice que “el que ejecuta o deja de ejecutar la acción del verbo es el sujeto”. Éste está siempre en acción desde el inicio hasta la fase final. Nuestra corriente eléctrica siempre está presente en todo proceso tumoral (es nuestro sujeto). La electricidad por sí sola puede producir el cáncer; también se puede producir una neoplasia con una electricidad con un potencial normal, incluso bajo, pero siempre en colaboración de un agente cancerígeno (Tabla 1. PeGFer).
En las partes orgánicas que hemos mencionado anteriormente, al no recibir potenciales eléctricos altos, se hace muy difícil la formación tumoral. Los genes celulares no aparecen cancerosos. El sujeto permanece en un estado fisiológico normal, de forma corriente. Los efectos que el sujeto (electricidad) produce en la mayor parte de nuestro organismo, no aparecen en el corazón, diafragma, yeyuno e íleon, y tampoco, posiblemente, en el bazo. Sospechamos que la pobreza de formación neoplásica en este órgano, obedece a causas similares. Su parénquima, normalmente, no es diana de fuerte intensidad eléctrica. Tampoco se forma un tumor primario, salvo patología.
Con poca intensidad eléctrica no es posible que se produzcan los peligrosos efectos propios de grandes intensidades, como por ejemplo, las radiaciones ionizantes, radiolisis y, muy especialmente, los radicales libres. Si el sujeto (electricidad) no aparece, no se produce actividad química alguna. Como siempre, ponemos el mismo ejemplo: las extremidades inferiores del parapléjico, donde nunca puede aparecer la más mínima hiperqueratosis plantar. Estos enfermos, por mucho roce que se les efectúe, jamás podrán padecer de callosidad (hiperqueratosis) alguna. Luego el roce no produce dicho efecto, sino el factor predisponente y causante: nuestra propia electricidad, que es el mayor excitante que tenemos en nuestro cuerpo.4 Sin duda alguna. Y este estado de excitabilidad existe de forma constante en todo nuestro organismo con mayor o menor intensidad, según el lugar y circunstancias.
Si la ausencia eléctrica se produce en el sistema nervioso central (SNC), ¿por qué no se ha de producir en el sistema neurovegetativo? De hecho, tratamos de demostrarlo exponiendo los casos clínicos donde es muy rara la aparición de ningún proceso tumoral. Y en todos ellos resulta coincidente la ausencia de fuertes potenciales eléctricos. Por lo tanto, es lógico pensar y deducir lo siguiente: si en los órganos donde aparece raramente el cáncer existiesen las mismas intensidades eléctricas que en el resto de nuestro cuerpo, el proceso tumoral aparecería también con idéntica frecuencia. Pero este fenómeno no existe, sólo se produce muy raramente por causas que entran dentro del campo de la patología.
En nuestro trabajo de investigación vemos también cómo las Matemáticas son coincidentes con la Gramática. Estableciendo un estado comparativo de unos hechos clínicos que acontecen en el SNC con los ya conocidos del sistema involuntario, vemos cómo el resultado es el mismo.
Durante muchos años (aún persistimos) hemos tratado de rebatir nuestra propia teoría electrobioquímica. Mucho hemos leído y observado. Nuestro razonamiento se ve inclinado y vencido hacia dicha teoría. Muchos son los resortes que hemos manejado, pero siempre nos faltaba algún eslabón. La cadena se rompía irremisiblemente. La aplicación de la Gramática y las Matemáticas, adaptando el sujeto (electricidad) y la X (todos los efectos), aparece con una perfecta correlación. Existe una relación recíproca entre los dos elementos conceptuales: el SNC y el neurovegetativo. La correlación indica una variación conjunta de los dos sistemas.
Anteriormente, hemos puesto como ejemplo un caso clínico del SNC. Ahora veremos cómo existe una similitud con otro caso correspondiente al sistema nervioso neurovegetativo; concretamente, a los centros vegetativos del sistema nervioso central (central vegetativa). Es el siguiente:
Al encéfalo de los enfermos de Alzheimer no les llega la electricidad suficiente para poder ejecutar sus habituales funciones neurohormonales y neuroquímicas. En este caso clínico, el sujeto (electricidad) no actúa. La hipófisis, el hipotálamo, el tálamo y el hipocampo constituyen su mejor y más elocuente ejemplo. Al faltar el factor eléctrico (sujeto), en el encéfalo no hay efectos (X), igual que ocurre en las extremidades del parapléjico. Lógicamente, no pueden aparecer.
Y aquí, creemos oportuno poner punto y seguido. Pasemos seguidamene a exponer su correspondiente EPÍLOGO.

EPÍLOGO

No podíamos dar por concluido nuestro esfuerzo en tan dificilísima labor investigadora, sin manifestar nuestra gratitud a nuestros muy amables y pacientes lectores. Seguros estamos que se habrán percatado fácilmente de que las investigaciones que hemos realizado se han iniciado y continuado por la senda holística.
Precisamente por su originalidad, esta investigación científica lleva consigo inevitablemente el efecto de la sorpresa, y a veces de la incredibilidad. Por ello hemos procurado no salirnos de las rígidas y exigibles pautas que se requieren en todo planteamiento científico, que hemos llevado a cabo partiendo de un importante factor conceptual, sobre el cual se basa esencialmente todo nuestro estudio. Para que éste se produzca en cualquier parte de nuestro organismo, es necesario, por imprescindible, que se produzca una excitabilidad celular, porque “sin dicha excitación no hay conducción nerviosa”7 (eléctrica). Es lógico y, por tanto, si no hay conductibilidad eléctrica (nerviosa) es imposible que se produzcan acciones electroquímicas.7 Pongamos un solo ejemplo: el enfermo parapléjico. Aquí, en este caso concreto, por primera vez sí nos atrevemos a afirmar que jamás, “nunca se podría producir ningún tumor maligno en las extremidades inferiores de dichos enfermos”. En estas regiones de nuestro cuerpo, al faltarles la corriente electromotriz, desaparece toda acción química. Sin embargo, “a estos mismos enfermos sí se les forman neoplasias malignas en el sistema neurovegetativo, al permanecer intacta su actividad eléctrica en los sistemas nerviosos simpático y parasimpático”.
Es normal que aquí encaje, a tenor de lo mencionado anteriormente, la siguiente pregunta: ¿qué tiene que ver la desaparición de todo tipo de hiperqueratosis en las extremidades del parapléjico con la etiopatogenia neoplásica? Hemos tratado de demostrar en las distintas enfermedades que hemos descrito en otros trabajos, que la causa es la misma: la electricidad.
Se da el caso curioso de que la ausencia eléctrica en las extremidades inferiores del parapléjico impide la formación tumoral y de toda clase de hiperqueratosis, y en otros casos, la ausencia eléctrica provoca distintas patologías, entre las que destacamos la enfermedad de Alzheimer.
Una prueba en al que nos basamos de que hay ausencia eléctrica en la central vegetativa de los enfermos de Alzheimer, consiste en que al aplicarse el electrochoque, dichos enfermos experimentan una transitoria mejoría; y esta mejoría es debida a que el hipocampo (del que mucho se ha escrito), la hipófisis y el tálamo han recuperado momentáneamente su actividad electroquímica. Pero todo el sistema cognitivo se resiente y retrocede en su actividad química al faltarle nuevamente la electricidad.
Así pues, nuestra propia electricidad puede provocar, bien por su presencia o bien por su ausencia patológica, distintas enfermedades que nada tienen en común. Es decir, dicho de otra manera, que “por una misma causa se pueden producir muy distintos efectos”. Y a través de los efectos, ya se sabe que pueden hallarse las respectivas causas.
Esta ha sido la pauta que hemos seguido y mantenido durante un largo recorrido en las distintas etapas o facetas de investigación a las que nos hemos entregado en cuerpo y alma, con mucho coraje y enorme derroche de voluntad. Dentro de este hermoso marco en el que nos hemos desenvuelto durante la mayor parte de nuestra existencia, ha supuesto para nosotros el mayor gozo del que el ser humano pueda disfrutar. Es una dicha imposible de describir. Así es la Investigación Científica.

FIGURAS

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1.     DEMETRIO SODI PALLARÉS (1995): Magnetoterapia y cáncer, 2ª edición, pp. 111, 184-186, 188, 189, 193, 194, 198, 199, 141, 175, 193.
2.     GARCÍA FÉRRIZ, P.; “Pruebas de Clínica y de Laboratorio sobre el origen tumoral” en PortalesMédicos.com (http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/1462/1/
Pruebas-de-clinica-y-de-laboratorio-sobre-el-origen-tumoral.html).
3.     DALE DUBIN (2000): Electrocardiografía Práctica, 3a edición, Editorial McGraw-Hill Interamericana, pp. 8, 9, 23, 73, 76, 77 y 153.
4.     COSTANZO. L. S.: Fisiología, Editorial McGraw-Hill Interamericana, México, pp. 49, 52, 63-68, 125-127, 129, 324-326 y 404.
5.     RODNEY, A.; RHOADES, G. & TAMMER (1996): Fisiología Médica, Masson, pp. 587-589.
6.     POCOCK, G. & CHRISTOPHER, D. R. (2005): Fisiología Humana. La base de la medicina. 2ª edición. Masson, pp. 442 y 443.
7.     RAMÓN Y CAJAL, S. (2007): Colección Grandes Pensadores. Ed. Centro Editor PDA, S.L. Espasa Calpe, S.A., pp. 96-98, 103-105, 112, 113, 125, 128, 130, 132, 210-212, 214, 186, 210, 216-218, 224-226, 267, 268, 290, 318-320.
8.     MORROS SARDÁ, J. (1961): Elementos de Fisiología, 8a edición. Editorial Científico-Médica, tomo I, p. 21.
9.     GARCÍA FÉRRIZ, P.; “Alzheimer y Cáncer. Nuevas aportaciones” en PortalesMédicos.com (http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/1804/1/
Alzheimer-y-cancer-Nuevas-aportaciones.html).
10.   GARCÍA FÉRRIZ, P.; “Nuevas aportaciones sobre la escasez de cancer en el corazon, diafragma y yeyuno e ileon” en PortalesMédicos.com (http://www.portalesmedicos.com/
publicaciones/articles/1590/1/Nuevas-aportaciones-sobre-la-escasez-de-cancer-en-el-corazon-diafragma-y-yeyuno-e-ileon-.html).
11.   GARCÍA FÉRRIZ, P.; “Electricidad y Cáncer” en PortalesMédicos.com (http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/2302/1/Electricidad-y-cancer-.html).
12.   GARCÍA FÉRRIZ, P.; “Metástasis y curación espontánea del Cáncer” en PortalesMédicos.com (http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/2309/1/
Metastasis-y-curacion-espontanea-del-cancer.html).

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